el prisma

Javier Gómez

'Andalucizar'

QUÉ es ser andaluz? Llevo una semana haciéndome la pregunta y soy incapaz de responderla. Y ahora que mi hijo ha empezado el colegio, temo el día en que me la lance a la cara. Hace una semana fui a la primera reunión de padres y madres, en la que entre otros muchos temas -las mochilas, los pipís, los popós- salieron las actividades que se realizan y se destacó como principal la semana cultural andaluza. Esos días en los que la Consejería de Educación marca la ambigua pero obligatoria directriz de "trabajar la cultura andaluza" -de aquí a las ikastolas hay un paso-, los más pequeños dibujan corridas de toros, bailes flamencos y procesiones de Semana Santa. Y como evento estelar, el desayuno típico andaluz, que consiste en que los escolares coman pan con aceite vestidos de andaluces: ellas de faralaes y ellos de romeros. Al fin y al cabo, si uno ha zapeado durante los últimos veinte años, esa es la imagen del andaluz transmitida por Canal Sur. ¿Ser andaluz es pasarse la vida de feria, papá?, me podría preguntar mi hijo. Y si llegara a esa conclusión tras ver una caricatura nuestra en la televisión catalana, vasca o madrileña, se me llevarían los demonios por la ofensa. Pero que lo haga porque es lo que le enseñan en el colegio y en la nuestra merece un exorcismo.

¿Qué es ser andaluz? ¿Qué tienen en común un malagueño y un sevillano, un almeriense y un gaditano, un onubense y un granadino? Espero que algo más que las fiestas típicas. Si algo compartimos los andaluces es la frecuencia con la que nos sentimos agraviados, ridiculizados. Alguien con acento andaluz no interpretará a un médico o una abogada en una serie. Estadísticamente tiene todas las papeletas de ser la chacha, el vago, el que cobra el PER mientras juega al dominó. Son tópicos que nos indignan, pero no somos conscientes de que nosotros etiquetamos con la misma alegría a catalanes y vascos. Y juraría que no hay nada mejor para construir la identidad nacional que los ataques externos, los tópicos injustos, las generalizaciones ignorantes. En Andalucía tendemos a considerar insolidarias a las comunidades nacionalistas, aunque habría que vernos si los ricos fuésemos nosotros. Nos parece, eso sí, de lo más natural y justo exigir por Estatuto al Gobierno central que invierta aquí como mínimo el equivalente a nuestra población. Sin considerar si ese criterio, que casualmente nos beneficia, perjudica a otras regiones y sin preguntarnos por qué la Junta no lo utiliza también para repartir sus inversiones por provincias. En Andalucía nos molestamos mucho cuando alguien se ríe de cómo hablamos. Pero luego hay quien se ofende con demasiada rapidez cuando catalanes y vascos usan su lengua materna.

Sin saber muy bien qué es ser andaluz, en Andalucía creemos tener muy claro en qué consiste ser español. Pero no hay una sola respuesta correcta para esa pregunta. Simplemente es mejor no hacérsela.

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