La ventana

Luis Carlos Peris

Añorando los avíos de escribir

ESTABA el amplio salón sin ángulos oscuros, repleto de gente y con una altísima nómina de principales y en esto que echamos de menos habernos provisto de avíos de escribir. Lo que menos se te puede ocurrir cuando te preparas para un reconocimiento es que habrás de tomar apuntes, pues no piensas que en el turno de discursos haya lugar a la lección más o menos magistral. Y ocurrió la otra noche en el Alfonso con ocasión de la entrega del Premio Clavero a Felipe González, pues cuando acabaron las loas al homenajeado, éste le dio prioridad al dogma sobre el agradecimiento. No sé si Felipe tiene síndrome de abstinencia y que cuando se le pone a tiro un auditorio se dice ésta es la mía, pero lo cierto es que se metió en arreglarle la vida a Europa y, particularmente, a Grecia sin reparar en gastos a la hora de dar cifras. Y, claro, eché de menos boli y papel...

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