Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Antonimia

LA derecha recia y nervuda, la derecha que saca en andas, en estas horas perplejas, el espíritu bizarro de Esperanza Aguirre para abochornar a los conservadores raquíticos y bien educados que se han sumado a la nueva corte de Mariano Rajoy, vive jornadas de resquemor y entusiasmo. Resquemor por la evidente pérdida de peso en los planes inmediatos del líder del PP, y de entusiasmo por la resolución de no dejarse acorralar ni vencer. El debate es muy interesante, pues en él porfían dos estilos y, no sé hasta qué punto, dos sensibilidades ideológicas. Para definir ambos movimientos se han acuñado dos términos a partir de sendos nombres de mujer, lo que no deja de ser insólito. Los seguidores del género impetuoso se denominan los esperancistas y los adscritos al sector contenido y pusilánime los sorayos.

Desde el punto de vista de las ciencias lingüísticas es tremendamente enriquecedor ser testigo de la formación geológica de dos términos llamados a ser antitéticos. Aunque acuñadas con significados bien distintos, el escaso tiempo transcurrido desde la creación de ambas palabra no ha permitido aún cerrar su campo semántico. La derecha esperancista se halla todavía en una fase organizativa primaria aunque sus ideólogos han marcado las líneas decisivas: continuidad, reciedumbre, dureza e intemperancia. Los sorayos, por su lado, no han tenido la oportunidad de definirse sino que, más bien, han sido definidos por antonimia: diálogo, moderación y, quizá, centrismo, tres sustantivos que adquieren, bajo la óptica de los contrarios, un profundo tono peyorativo.

No sé qué fortuna aguarda a los esperancistas y a los sorayos, si reforzarán a medio plazo sus respectivos campos semánticos y se alejarán los unos de los otros formando grupos significativos contrarios o si, más bien, terminarán confluyendo en un término unificador y con ecos sagrados, el marianismo. Demasiados ismos para mantener a salvo la unidad: aznarismo, esperancismo, marianismo y quizá sorayismo. De cómo se adecuen los significantes con los significados y de cuáles sobrevivan a los otros depende el futuro del movimiento conservador español: si extremado o comedido; colérico o sosegado; unitario o dividido. Pero no todas las diferencias son de método o talante sino que también hay, difusamente, un rastro de discordia ideológica.

(Ayer rastreé la web esperanza2012, uno de los centros del pensamiento esperancista. Allí hacen esta reflexión: "Cuando yo era apenas un niño, ser de extrema derecha era ser partidario de un régimen fuerte, en el que nadie se metiera en política por lo que pudiera pasar". ¿Sólo era un régimen fuerte? ¿Qué significa fuerte?).

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