La esquina

Astracanada en 'La nuestra'

EL estreno, anteanoche, de lo que RTVA ha presentado como una de sus principales apuestas para esta temporada, Año 400: el Imperio se rompe, se saldó con un resultado de audiencia más bien modesto: un 11,2% de share (porcentaje sobre el total de espectadores de televisión a la misma hora) y 369.000 andaluces pendientes de su desarrollo.

No sería ningún problema el escaso éxito de público... si el programa hubiera cumplido -o siquiera aspirado a cumplir- algunos de los objetivos que la ley impone a una televisión con vocación de servicio público. De hecho, Canal Sur emitió a continuación un capítulo del documental Andaluces por el mundo, que tuvo cien mil espectadores menos, pero fue un programa digno y divertido, serio e instructivo, plenamente acorde con los fines declarados de una tele que se sufraga con el dinero de los contribuyentes.

Año 400: el Imperio se rompe no fue, en su primera entrega, ninguna de estas cosas. Más bien todo lo contrario: indigno, grotesco, zafio. El capítulo se estructuraba a base de sketches con personajes pretendidamente cómicos, a modo de presentación previa a la trama que se desarrollará en las semanas venideras. Su comicidad era de patio de colegio, con la grosería y la escatología peleándose por ser hegemónicas. Una competición adolescente a ver quién decía más fuerte y más veces caca, culo y pis (de hecho se pudieron contemplar culos, escupitajos y cabezas cortadas). Algunos actores talentosos naufragaban sin remedio, embarcados en una astracanada que se hace difícil pensar que haya superado ningún control de calidad estética o mínimamente artística.

Porque es que, encima, no tiene gracia ninguna. Uno no exige ya humor inteligente. Compartía con el desaparecido Alfonso Perales y comparte con el compañero Francisco Correal el gusto por la comedia celtibérica, basta y de sal gruesa, a condición de que haga reír. Pero viendo Año 400: el Imperio se rompe lo que se echa de menos es la filmografía completa de Pajares y Esteso en sesión continua. Puro arte en comparación con estos romanos de Canal Sur. Las risas enlatadas con que el realizador ha decidido subrayar los supuestos chistes -sin duda, para animar a quienes los perpetran- lo que subrayan en realidad es el contraste con los rostros adustos y los bostezos que se podrían grabar al otro lado de la pantalla, en las casas de las víctimas.

Amenazan con doce capítulos más (duración normal de una serie) de esta pretendida sitcom -comedia de situación- que gira alrededor del lila gobernador romano Magníficus en el inicio de la decadencia del Imperio. No sé para quién podría ser magníficus este bodrio. Para los demás es horrorosus, chabacanus, patéticus.

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