Opinión

Antonio Manuel Rodríguez Ramos

Ateneos de Andalucía

QUIERO creer que Unamuno decía la verdad: "Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe...Sólo la cultura da libertad...No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento...La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura". Cuando contemplamos por primera vez el logotipo para Ateneos de Andalucía, a muchos nos pareció un híbrido perfecto entre libro y pájaro, entre cultura y libertad. Qué bello acierto. Los ateneos nacieron precisamente por y para ellas, como instrumentos revolucionarios contra el analfabetismo y las dictaduras. Cultura y libertad fueron y son su alma y sus armas.

Desde la Primera República hasta los albores del XX, cultura y libertad pertenecieron casi en exclusiva a una élite socialmente desclasada en Andalucía. No eran los dueños de la tierra ni quienes se dejaban la piel en ella. Intelectuales, liberales, artesanos y un puñado de jornaleros, todos comprometidos y utópicos, creyeron con devoción en la fórmula machadiana sobre el binomio cultura-libertad: los únicos bienes que se pierden cuando se guardan y que se ganan cuando se dan. La llevaron a la práctica creando ateneos populares con escuelas y bibliotecas abiertas de par en par, sin distinción de clase ni más requisito académico que la voluntad de aprender.

Aunque a muchos les fue la vida en el empeño, tampoco las dos dictaduras del pasado siglo consiguieron acabar con el ateneismo. Cierto que los ateneos andaluces tuvieron que renunciar a la libertad como arma, pero supieron adaptarse a los tiempos combinando con sutileza los aspectos pedagógico y recreativo. Cuando predominó el universalismo cultural, los ateneos parecían casas abiertas a las que nadie se atrevía a entrar. Cuando se impuso el clasismo lúdico, casinos cerrados a las que todos querían acceder. No fue tarea fácil mantener el equilibrio. El advenimiento de la democracia supuso la recuperación del contexto natural de las libertades. Indudablemente, las cosas han cambiado. La cultura ha pasado de la completa desregularización a estar monopolizada por las instituciones y el mercado. Ha dejado de ser un arma para convertirse en producto. No genera movimientos sino tendencias. Se compra y se vende como casi todo. O se subvenciona. Y en medio, vivas y libres todavía, esas oenegés culturales llamadas ateneos.

Bajo la denominación Ateneos de Andalucía se ha constituido la primera federación de ateneos andaluces. El proceso comenzó hace un año en el encuentro organizado brillantemente por el Ateneo de Córdoba, a los que siguieron los de Almodóvar del Río, Chiclana y Algeciras, cerrándose en el Ateneo malagueño con motivo de su 40 aniversario. Además, son ateneos fundadores los de Cádiz y Sanlúcar de Barrameda. En breve se incorporará Sevilla. Y juntos intentaremos mantener la independencia y el altruismo como señas de identidad del ateneismo contemporáneo. Quizá hoy más necesarias que nunca. Porque seguiremos dando sin esperar recibir recompensa electoral, ni reconocimiento de ninguna clase. Creyendo que la cultura nos hará más libres. Y que la libertad, como decía Kropotkin, no se concede: se conquista.

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