el periscopio

José Ignacio / Rufino /

Austeridad hay más de una

DESPUÉS de las últimas elecciones municipales y autonómicas, y antes de una ya descontada victoria en las próximas generales, el Partido Popular se encuentra ante un comprensible horror al vacío: debe llenar los agujeros en el presente y el porvenir económico español. Lo habitual tras la victoria es caer presa del agotamiento y sentir una cierta desazón: post coitum omneanimal triste est; y estas elecciones han tenido algo de coital a tenor de los resultados. Lo cual provoca dos cursos de acción típicos en la alternancia de partidos instaurada en este país. Primero, culpar de todo al anterior, y decir, ya sin alharacas, que "lo haremos los mejor posible", arrinconando las varitas mágicas electorales. Segundo, y esto es más novedoso, apuntalar lo anterior con amenazas de auditorías depuradoras y, en su caso, empaquetadoras de los culpables. A partir de la chamusquina de los predecesores, las medidas dolorosas -es decir, las que en el corto plazo crean más paro o merman el consumo- quizá tengan una mayor carga de pertinencia y credibilidad.

La política económica de la última legislatura de Zapatero puede haber estado mal instrumentada y secuenciada, pero desde luego no ha sido una política de izquierdas. El PP no lo hubiera hecho mejor. O sí, pero esencialmente hubiera hecho lo mismo. El recorte del gasto público ha sido más que notable en los dos últimos años. Mutilación del gasto en infraestructuras, flexibilización laboral hasta ahora inútil (¿cuánto más es necesario facilitar el despido para que el empleador responda, si puede?) y recorte de los ya de por sí modestos salarios públicos -mejor dicho, de los funcionarios- son ejemplos de una gestión económica ajena a la ideología socialista… en caso de existir ésta en la élite del PSOE. Rajoy asegura que, si gana, abundará en los recortes y no tocará los impuestos. Es decir, las rentas más altas no soportarán mayor presión fiscal. Reducimos el gasto y dejamos los ingresos como están: a por el Estado en los huesos. Un Estado incapaz de intervenir. ¿Eso queremos? Al parecer, sí. Pero no hay que ser un indignado para advertir el peligro de este enfoque: hay premios Nobel que también dicen "¡cuidado!".

Esta semana, el Nobel de Economía Stiglitz advierte de algo acallado por el vigente maisntream de la austeridad: "La austeridad condena a las economías al estancamiento y socava los cimientos de la sociedad". Esos cimientos son, con algún otro, la sanidad y educación gratuita y las coberturas sociales a los desfavorecidos crónicos o coyunturales. "La austeridad ha provocado una caída general de salarios, consumo, impuestos... que no ha hecho sino empeorar las cosas". Atemorizados por los agentes financieros, pastoreados por la troika comunitaria y asumiendo como dogma el "No hay alternativa" ni mix de política económica alternativo… no se aprieten el cinturón: se lo van a apretar a ustedes, y bien.

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