Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Autoqué

ZAPATERO se larga y entre sus logros se encuentra la reconversión al completo de RTVE y la supresión publicitaria de la cadena pública. Lo malo de este logro es que no sabemos lo caro que en verdad nos puede costar dentro de unos años. La Comisión Europea le tiene puesto un pie en pared por la tasa de las empresas de telecomunicación y ya calibraremos el marrón que tendrá que arrear el que venga detrás. Zapatero creó un grupo mediático a su imagen y fidelidad, La Sexta, aceleró el proyecto de la TDT (durante Aznar se gestó la TDT de pago ¿se acuerdan de Quiero TV?) y, en su etapa más utópica y rousseniana, el presidente del Gobierno encargó a una comisión de sabios cómo debía ser y qué había que hacer con la televisión en general.

De aquellas inquietudes del presidente, gestos que le honraban y consecuencias que le ponían en evidencia, destacó el código de autorregulación que rubricaron los principales canales antes de la puesta en marcha de la Ley Audiovisual. Por aquel acuerdo las cadenas se autoimponían controlar lo que emitían en los horarios familiares y en la eliminación de cualquier contenido inconveniente para los menores. Si se dan una vuelta por el mando cualquier mañana o tarde tendrán oportunidad de comprobar lo poco que se autorregula esta gente. Por no reiterar en los mismos programas y canales, porque todo no es Sálvame, este fin de semana, por ejemplo, Veo 7, invisible canal de la editora de El Mundo, ofrecía dos películas en horario de tarde, Lázaro de Tormes y El rey pasmado, con escenas más que subidas de tono. Para la programación de estas películas hay dos opciones: editar las escenas de sexo explícito (prescindibles, por cierto) o emitirlas íntegras, pero en horario de adultos.

La autorregulación es un código de buenas intenciones, pero resulta ser un texto gaseoso que sólo se exige cumplir a los demás.

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