Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Avalancha de cupletistas

COINCIDIENDO con el centenario del nacimiento de Rafael de León, Canal Sur ha dado, sorprendentemente, con la tecla desempolvando la copla, ese género que tanto denostaron los que ahora se benefician con ella. Seguro que nada tiene que ver que haga cien años de que viese la luz el más grande letrista de la cosa, pero es de agradecer tamaña coincidencia aunque se haya producido por casualidad. Durante varias semanas y en competición con el rival más complicado que pueda darse en la pequeña pantalla, la copla ha batido marcas de audiencia para asombro de un personal que ni a imaginarse que tan rancio género tuviese el tirón que ha mostrado. No sólo se las ha tenido tiesas con el fútbol en directo, sino que ha observado picos de audiencia inimaginables.

Y la verdad es que lo auténticamente asombroso es que haya tan buena savia joven, que surjan chavales y chavalas a los que se imagina uno dándole a otro tipo de canción. Por ejemplo, de esos coches, mayormente tuneados, que lanzan al aire unas músicas estruendosas, jamás oí que saliese Las cinco farolas. Sí mucho rapero monocorde para desear que el semáforo se ponga pronto en verde a fin de que que se vayan coche y cochero, pero una canción de la Piquer, de Marifé o de Juana, ni pensarlo. Entonces causa una sorpresa grande ver cómo la semilla no se agotó y cómo surgen artistas de una vez. Y cuando aparecen, más sorpresas que se vienen como las cerezas enganchadas al sacarlas del cesto. Porque cuando tanto se habla de la importancia de los genes en la copla o en el flamenco resulta que uno que borda Carcelero o La niña de fuego es un rumano. Sí, el rumano vino a Málaga de pequeñito, pero los genes se reciben bastante antes. Y vaya cómo canta el rumano, que lo mismo recuerda a Caracol que a Miguel de Molina , y sin copiar, con sello propio, con una catarata de personalidad.

¿Y Joana? ¿Qué me dice de Joana? En un ramillete de jóvenes artistas tan estupendos, esta agitanada madre de Palmete es un portento de fuerza y de buen gusto. Ganó ella en duro pulso con los finalistas, con ese rumano de Málaga o con una utrerana deliciosa de escuchar, pero lo de ganar es lo de menos. El suceso es el predicamento que ha tenido este programa de un género que parecía languidecer, que ya lo aventuraba la gran Juana Reina con aquello "de las de peina y volantes, qué pocas vamos quedando". Pero no estaba en lo cierto la recordada artista macarena; parecía que la copla se moría por falta de intérpretes, pero con este programa de Canal Sur ha surgido de no se sabe dónde una pléyade de intérpretes, y ha sido coincidiendo con el centenario de un dios de la materia, y, curiosamente, impulsado por un personal que hasta hace nada renegaba de ella por su pasado político.

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