La ciudad y los días

Carlos Colón

Ayer vencimos todos

TRISTE país aquel en el que la hija de un ciudadano asesinado por los terroristas tiene que decir a gritos, el día del funeral de su padre, que ni ella ni su familia van a tolerar que se manipule ese crimen. Hermoso país aquel en el que 48 horas después del asesinato, llegado el día de las elecciones, un camino de flores recorre el corto camino que va del domicilio del asesinado al colegio electoral en el que a Isaías Carrasco le han impedido votar como lo hacen los asesinos y sus cómplices políticos para lograr la abstención que han pedido: asesinando y aterrorizando a los votantes.

Han logrado lo primero, porque matar es fácil; pero no lo segundo. Votaron, tras ir por ese camino de flores de homenaje y duelo, la viuda y la hija de Isaías Carrasco. Y junto a ellas lo hicieron los españoles que -más allá de esa legítima discrepancia que la democracia hace posible, porque sólo las dictaduras exigen unanimidad- fueron votando masivamente, lográndose a media tarde una participación del 60,81%.

Ayer, por lo tanto, vencimos todos los demócratas con independencia del partido que ganara; y perdieron ETA y los suyos. Hubo quienes insultaron a Zapatero y a Iturgaiz cuando fueron a votar, es cierto. Pero son tan pocos que casi no existen frente a los millones de ciudadanos que depositaron pacífica y alegremente su voto y, fuera éste cual fuera, desde hoy considerarán presidente del Gobierno y de Andalucía a quien la mayoría elija. En libertad crítica y discrepante, si llega el caso; pero la discrepancia y la crítica son tan consustanciales a la democracia como el respeto a quienes representan la voluntad popular.

Son obviedades, lo sé. Pero cuando salimos de una campaña electoral tan fecunda en insultos como pobre en debates de ideas; cuando el fantasma de la demonización de quien no piensa como nosotros, que tanta sangre ha hecho correr en España, intenta colarse otra vez en nuestra vida política; y cuando acudimos otra vez a las urnas con un atentado terrorista pesando sobre nosotros, no me importa correr el peligro la obviedad. Lo obvio no es sólo lo que no necesita decirse porque ya es sabido por todos, sino también lo que se pone ante los ojos como cosa tan clara que no admite interpretación. Y que íbamos por malos caminos, desunidos en lo que precisa unión, era algo que la realidad nos ponía todos los días ante los ojos y que los cinco disparos asesinos subrayaron trágicamente.

Así que gane quien gane será mi presidente, por serlo de España y de Andalucía; como Sánchez Monteseirín es mi alcalde, por mucho que discrepe de su idea de ciudad y actuaciones.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios