Editorial

El Ayuntamiento rebaja sus salarios

EL Pleno del Ayuntamiento aprobó ayer, en una sesión extraordinaria, una propuesta para rebajar los salarios que perciben tanto los concejales, entre ellos el alcalde, como los directivos de las empresas municipales. El acuerdo, validado por unanimidad, se enmarca dentro de la política de recortes auspiciada por Zapatero como consecuencia de la crisis económica y la obligación de reducir el déficit público ante Europa. Hay que recibir positivamente la medida, que contribuirá a dar ejemplo ante los ciudadanos, principales sacrificados por la difícil situación económica. Dicho esto, hay que puntualizar, sin embargo que este recorte no se aprueba por la voluntad política del actual equipo de gobierno, que perfectamente podía haberlo aplicado en solitario hace tiempo, sino por un acuerdo marco impulsado por la Federación Española de Municipios. El Pleno, por tanto, no recorta el sueldo de sus capitulares por decisión propia, sino porque políticamente no le queda otro remedio. Sobre todo si se tiene en cuenta el recorte de salarios que los responsables municipales van a aplicar a los funcionarios. En los últimos diez años la sobriedad no ha sido la tónica de la política municipal. Una muestra son los notables salarios que perciben los altos ejecutivos de las empresas públicas, nombrados exclusivamente por cuestiones políticas y cuyo prestigio técnico, a tenor del balance de algunas entidades municipales, es cuestionable. No es lógico que en el gobierno de Sevilla determinados altos cargos ganen bastante más que el presidente de la Junta o el presidente del Gobierno. Si esta situación se ajusta ahora en parte no es por la sensibilidad de Monteseirín -que decidió el salario de todos sus ejecutivos-, sino porque el contexto político nacional es diferente. En todo caso, el Ayuntamiento debería reforzar esta medida de control del gasto con un verdadero plan de austeridad que no obedezca -como pasa con el presentado por la edil de Hacienda- a la caída de la recaudación, sino que sea fruto de una convición política duradera. Los gobernantes deben gastar menos en cosas superfluas e innecesarias y concentrar los recursos en las políticas que ayuden a combatir la crisis. Así lo demandan los ciudadanos.

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