el poliedro

José / Ignacio Rufino

Aznar, enemigo interior de Montoro

La supuesta filtración por parte del ministro de una inspección fiscal a una sociedad del ex presidente renueva la discrepancia.

WINSTON Churchill, legendario premier británico, es una fuente de citas, algunas sin duda tan legendarias como apócrifas. Demos por cierto que él, en efecto, dijo aquello de que "hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos mortales... y compañeros de partido", y también, refiriéndose al hemiciclo y las bancadas enfrentadas de whigs y tories que "nuestros adversarios están enfrente; nuestros enemigos, detrás". Muchos hemos pensado en estos términos -en el enemigo interior, y no precisamente en el demonio que habita en cada uno y emerge de vez en cuando- en estos días en que Aznar, soberbio y pequeñamente despótico, malcriado por los suyos, se ha rebelado contra Montoro, el hombre más fuerte del Gobierno español en funciones: el de las pesetas. En estos días del enésimo desconchón en los muros de la patria nuestra, que si algún día parecieron sólidos, hoy vemos desmoronarse. Días extraños en que las manos limpias oficiosas resultaron estar emporcadas, invadidas por el lupus mafioso, días en que algunos defensores de la ciudadanía acabaron no siendo otra cosa que chorizos. El descreimiento está servido. Qué corrosión. (Y encima, supimos el jueves que Prince ya no bordará más riffs ni ya música ninguna. Estamos de luto púrpura.)

Debemos aun así sobrevivir, comentar detalles de la actualidad que no supongan una y otra vez caer en el pesimismo y la negación absolutos. E intentar hacerlo con una cierta sonrisa daleada. Resulta hasta gracioso que quien gobernó el país durante trece años con mano de hierro y aparentes buenos resultados económicos -la calma soleada que precede al tsunami que, en no poca medida, facilitó la ley del suelo del propio Aznar- diga, irritadísimo, que este país es "tercermundista" porque se ha filtrado desde la Agencia Tributaria -por orden del propio Montoro, debemos interpretar- que una sociedad patrimonial del matrimonio Aznar-Botella fue inspeccionada por Hacienda y concluyó en un acuerdo de mayor tributación y/o multa. Aznar se queja de mal trato de los supuestos suyos -"los de detrás", que dijo Churchill- en un clásico tic paternalista que confunde la magnanimidad que él tuvo al nombrar a Montoro (y a Rajoy, a quien también lanza pildorazos periódicos desde su preclaro trono de Gran Hombre) por su poder público, como si tal acción fuera generosidad y grandeza personal, o incluso nepotismo soberano, y ya le debieran pleitesía, obediencia perruna ante sus caprichos e incluso arrastre de hinojos, de por vida, los nominados por el prócer (es éste un vicio de liderazgo muy extendido también, por ejemplo, en la universidad).

Ya puestos, Aznar ha vuelto a recordar que a él no le gusta pero que ni un pelo la reforma fiscal llevada a cabo por el ingrato de Montoro. Ante lo cual, éste ha estado bravo, y yo desde esta esquinita, le dedico un par de asentimientos cefálicos por ello: "Yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al business y da lecciones desde fuera. Esto es como el quirófano. No moleste, estamos operando". (No ha dejado pasar esta ocasión la aguerrida esperanza liberal, que es otro de los "de detrás" de Rajoy, una de los nuestros a quien no conviene dejarle el asiento de detrás del copiloto, si el copiloto eres tú y te llamas Cristóbal. En otro alarde de su poco contrastada anglofilia institucional en la práctica, Esperanza Aguirre ha dicho que "en Gran Bretaña, Montoro ya hubiera dimitido por la fitración". Con ese rasero, ella quizá hubiera tenido que dimitir varias veces en las Islas. Y hasta ser inspeccionada de una u otra forma. Ella, con sentirse "avergonzada" y "abochornada" por los tejemanejes de sus segundos, ha tenido bastante. Tan británicamente.)

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