Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Aznar en el retrovisor

LAS elecciones europeas de junio se van a celebrar en un momento de crisis galopante, por lo que es fácil prever el discurso opositor al Gobierno en la lógica de la polarización. Una convocatoria llamada a construir Europa va a convertirse en una batalla más del reñidero nacional. No debe extrañar que los sondeos adelanten unas cifras de abstención que revelan el cansancio del electorado y un resabio cultivado en una larga estela de insatisfacciones.

Por ciertos brotes que verdean en el paisaje, parece que el PP, cuyas expectativas de voto han mejorado no sólo por los errores ajenos, podría ponerse un disfraz simbólico de unidad interna durante la campaña, para atenuar su crisis irresuelta de liderazgo. Nada mejor, para el caso, que invocar a Aznar como pater familias y salvador... El tiempo nos dirá cuáles son los réditos reales de su aportación.

La mejoría en las expectativas del PP, a pesar de la corrupción, los trajes de Camps, los micrófonos de Aguirre o las salpicaduras del Yak42, que van más allá de responsabilidades trilladas, se debe a la tenacidad del superviviente. Rajoy posee una credibilidad que Aznar ha seguido dilapidando, en parte por extravagancias ideológicas como la charca negacionista del cambio climático o mantenerse, sin enmienda, como corneta de las hazañas bélicas de Bush.

Es aconsejable poner el retrovisor cuando se quiere salir de atolladero y zafarse de los adelantamientos temerarios por la derecha. En el rebobinado de proximidad (enero de este año), encontramos a un Aznar señalando el "exotismo histórico" de Obama, para el que vaticinaba un "fracaso económico"; o advertimos, dos meses antes, que el ecologismo es el nuevo comunismo, poniendo al aún candidato negro a la presidencia norteamericana al pie de los caballos de la recuperada memoria de McCarthy. Rescatar a Aznar, que anuncia un libro para redimirnos de la crisis, ¿servirá para aumentar las expectativas electorales del PP?

Si Mariano Rajoy, del que se valora su resistencia a los más atrevidos en la afición a la cosa pública, reabre la escena a quienes le han tomado medidas para amortajarlo, tal vez pierda mucho más de lo que podría ganar manteniendo una línea de independencia y moderación. La opinión pública, exhausta por la pobreza intelectual del pensamiento rancio, no quiere volver a las andadas de un país dividido y atronado por cantinelas y milongas como las de la autoría del atentado de Atocha. Aquel mal calculado empeño manipulador, irreverente con la verdad y la ciudadanía, provocó más de un tiro por la culata y contribuyó a la reelección de Zapatero. Unos comicios con tamboreada pudieran ser pan para hoy y hambre de liderazgo para después del 7 de junio.

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