Crónica personal

Pilar Cernuda

El otro 9-M

Atentos todos a la pelea entre PSOE y PP, entre Zapatero y Rajoy, pocos caen en la cuenta de que el 9 de marzo no solo se decide el color del próximo gobierno de España, sino que también se elige al próximo gobierno andaluz. Desde que se celebraron las primeras elecciones democráticas, Andalucía ha votado siempre socialista. Primero Escuredo, luego Rodríguez de la Borbolla y Chaves a continuación, que lleva camino de ser el presidente autonómico de mayor recorrido.

Las encuestas coinciden en que el partido socialista sufrirá un retroceso el mes de marzo, pero coinciden también en que nada va a perturbar el sueño de Manuel Chaves, que seguirá decidiendo el destino de millones de andaluces sin que nadie le haga sombra. Hay pruebas sobradas del caciquismo que se vive en Andalucía desde la Junta y sus aledaños, pruebas sobradas de que no se ha sido todo lo eficaz que se debiera porque las cifras que marcan el desarrollo siguen por debajo de la media española, y es evidente que el crecimiento de Andalucía no ha estado al nivel de otras autonomías. Pero Chaves continúa ganando elecciones.

No cabe hablar de voto subsidiario ni de estómagos agradecidos para tratar de encontrar una justificación al éxito socialista en la región más poblada de España, aquella en la que centran sus afanes los que pretenden hacerse con el gobierno. El PP, por ejemplo, jamás ha incluido en sus programas la desaparición del Per a pesar de que es una fórmula que clama al cielo. A la gente hay que darle un trabajo, no pagarle por estar de brazos cruzados. Pero aún así, aún a pesar de prometer que no van a eliminar ninguna de las prebendas de las que gozan actualmente los andaluces, el PP no consigue hacerse con el gobierno, no lo ha conseguido nunca. Consigue incrementar el voto municipal y subir en capitales tradicionalmente de izquierdas, pero no desbanca a Chaves por mucho que el poder desgaste y por mucho que el paso de los años provoque ansias de cambio.

El PP ha trabajado duro en estos últimos cuatro años para intentar comer el terreno a Manuel Chaves, Arenas ha recorrido miles de kilómetros todas las semanas, ha abierto sedes, ha hablado directamente con docenas de miles de andaluces y, además, ha contado con la ayuda de Rajoy, que ha viajado a Andalucía al menos un par de veces al mes durante esta legislatura, para tratar de conseguir adeptos, simpatizantes, militantes, votos. El esfuerzo no ha sido baldío; es evidente que el PP ha ganado terreno en Andalucía y con toda probabilidad va a incrementar su voto. Pero Andalucía continúa siendo feudo socialista. ¿Cuál es la razón? Chi lo sa. Desde luego, no la política de subvenciones; defender esa idea es infravalorar al andaluz. El día que Arenas y Rajoy conozcan el secreto temblará Chaves. Pero, de momento, al PP se le hace difícil la conquista de las tierras del sur.

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