Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

400

SI el invitado es el presidente del Gobierno se instauran todas las excepciones necesarias: prime time, periodistas inofensivos y hasta se cambia la filosofía del programa. 59 segundos debió llamarse en esta ocasión 400 segundos, porque las intervenciones de Rodríguez Zapatero se extendían y extendían hasta los 7 o los 8 minutos, en peroratas institucionales con asentimiento general, que desvirtuaban por completo la filosofía del debate. El único germen superviviente de aquello de "otra televisión es posible", lema del originario telezapaterismo, se entregó sin reservas al presidente. A los de TVE sólo les importaba la audiencia y en esta ocasión salieron ganando en la apuesta. Zapatero tuvo un millón más que su antecesora en la franja, Esperanza Aguirre. Y eso que el resultado fue decepcionante. Los contertulios eran menos incisivos que la dentadura de El Risitas. El presidente (con vestimenta formal, con traje oscuro, de discurso de estado) llevaba no sólo la lección aprendida sino que desglosaba el temario de memorieta, mientras que el resto de la mesa callaba y mantenía una postura relajada mientras la presentadora, Ana Pastor, se excedía en su protagonismo haciendo demasiadas preguntas para que el protagonista marcara a puerta vacía. Un dato: durante casi la primera media hora las preguntas encajonadas sólo partieron de la presunta moderadora, que después pedía prisas y concisión a los demás. Me quedo con las melosas entrevistas de Victoria Prego a Felipe González (que se recuerdan por aquella imperial parodia de Gurruchaga y el enano). En cuanto aparece un presidente por los platós de TVE las neuronas se paralizan y la complacencia se agiganta. El propio Zapatero auguraba un mandato en el que trabajará con "humildad". Sin embargo la corporación pública, a la que pareció desatar, intenta ponerlo en evidencia.

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