Visto y oído

Antonio / Sempere

Sin

SI no me fallan las cuentas, desde el inicio de su andadura en 1991 Días de cine lleva recorridas diecinueve temporadas en las que ha habido un poco de todo. Programa con presentador, programa con presentadora y programa sin presentador ni presentadora, que es el que ahora nos ocupa.

No se trata de nada personal, pero hay que dar fe de que, tal y como se emite en la actualidad, el programa gana enteros. Las transiciones son abundantes. En lugar de un busto parlante que realice las entradillas se colocan cortinillas, una sintonía rabiosamente saltarina, y además se emplea un recurso no por socorrido menos atinado: la utilización de fragmentos de películas clásicas.

La última entrega comenzó con una cita de Hitchcock y una secuencia de Con la muerte en los talones, que dieron paso a sesenta minutos realmente frenéticos. En cada uno de los programas actuales, dirigidos por Gerardo Sánchez, se ofrece tanta información que llega a saturar. Por eso el espacio más redondo, tal vez, fue el fundacional. El que pergeñaron César Abeytua y Daniel Monzón, junto a Santi Tabernero. La peor etapa puede que fuese la presentada por Aitana Sánchez-Gijón y la más conocida, cómo no, la de Antonio Gasset.

Lo que no cambió nunca fue la capacidad del programa para desvelar al espectador las tramas y a veces hasta los desenlaces de las películas, reventándolas. El reportaje de Juan Carlos Rivas sobre Un hombre soltero contó todo, con matices y hasta en orden cronológico. El consejo es más que claro: antes de ver una película que nos interesa no conviene ni ver Días de cine ni leer ciertas críticas. Otra cosa distinta es que nuestra malsana curiosidad lo permita.

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