COGE EL DINERO Y CORRE

Fede Durán /

Sí pero no

EL Gobierno tiene tres voces económicas. La de Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y poli bueno; la de Luis de Guindos, ministro de Economía y poli malo; y la del propio presidente, Mariano Rajoy, lo más parecido a Dios que ha parido la política española en los últimos tiempos por cuanto sonríe desde las alturas sin decir prácticamente nada o, quizás por eso mismo, prácticamente todo. Esta hidra mermada (la original tiene siete cabezas) se reparte la difusión de un discurso que, globalmente considerado, encierra contradicciones. Montoro, por ejemplo, ha prometido bajar los impuestos justo después de haberlos subido. También ha aclarado, como De Guindos y Rajoy antes, que los objetivos de déficit son sagrados aunque su mirada parezca suplicar lo contrario. Y anuncia, por último, que el Ejecutivo español no se mojará nunca más con previsiones macro sino que asumirá como propias las del FMI y Bruselas. Según el Fondo, España cerrará 2012 con un déficit público del 6,8%. Si el objetivo oficial e inamovible está en el 4,4% pero el Gobierno sacraliza a la vez los vaticinios del FMI, la broma es tan obvia que ofende.

Vamos con De Guindos en tres tiempos. Uno: "Sólo la austeridad no es la receta que nos va a llevar a la salida de la crisis. Se necesitan reformas". Dos: "El gasto público ya no funciona como estímulo". Y tres: "Gastar más de la cuenta afecta a la generación de confianza, sobre todo cuando un país tiene problemas de financiación". El ministro sugiere primero combinar los recortes y los incentivos, da marcha atrás después y culmina con la muy discutible conclusión de que estimular consiste obligatoriamente en "gastar más de la cuenta", como si fuese imposible racionalizar el esfuerzo para mantenerlo allí donde produce economía y riqueza o suprimirlo cuando sostiene estructuras idiotas de gasto corriente (con independencia de que estimular signifique no sólo invertir -gastar- sino también dejar de ingresar por la vía tributaria).

En un discreto segundo plano y varios metros por encima de sus ministeriales cabezas se alza Rajoy el Prudente, un hombre parco en palabras y apariciones cuya cima (o mejor cita) con Merkel queda a años luz de esas explosiones de color diplomático tan propias del dúo que la alemana forma con Sarkozy. El presidente, cuya comparecencia apenas dio para un par de párrafos, explicó ayer que "las reformas estructurales no producen efectos en tres meses". Zapatero, curiosamente, decía lo mismo cuando gobernaba. El tránsito de la oposición a La Moncloa produce a menudo extrañas coincidencias.

Sólo un traductor político-económico permite salvar estos oscuros laberintos y sacar alguna idea en claro: el Gobierno creía tener un plan, pero un mes después del debut confía su suerte a los demás. A lo que prevean Bruselas y el FMI. A lo que sugiera la Merkel. A lo que exijan los mercados. Eso sí, confundir, este equipo confunde de maravilla. Rajoy ha creado escuela.

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