coge el dinero y corre

Fede / Durán

Tres, dos, uno...

LA formación es hoy la agarradera de quienes buscan un trabajo sin encontrarlo. El colectivo juvenil, abrasado con tasas de paro superiores en Andalucía al 50%, prolonga así sus estudios más allá del primer título oficial con la idea de pertrecharse y diversificar currículum y habilidades. Hacia este perfil dirige sus tentáculos la masteritis. Los ex trabajadores menos cualificados, procedentes en su inmensa mayoría de la construcción, no tienen a su alcance las opciones de pago, pero cuentan con una amplia red tejida con esfuerzo desigual por las Administraciones (la ayuda de 400 euros, los planes de la Junta y los ayuntamientos), los agentes sociales y distintos organismos privados (las cámaras de comercio, por ejemplo). Hay además miles de opciones: talleres de oficios, escuelas de empleo, consorcios, etcétera. Y las necesitan todos, la masa laboral más castigada y aquellos que nunca pensaron que se verían al límite.

Pero ésta es una agarradera precaria en España, apenas dos centímetros en una pared con treinta grados de inclinación y una caída de doscientos metros con rocas afiladas abajo. Porque no existen controles de calidad que determinen la eficacia de este ejército de cursos más allá del testimonio aproximativo de los sindicatos, según el cual el índice de inserción ha caído al 30%.

Las emergencias de la economía real (de las empresas) colocan en el primer puesto de las prioridades ideales del reino el emprendimiento. Crear un negocio es la mejor manera de generar empleo. Si cada pyme europea fichase a una sola persona, el paro (alrededor de 24 millones en la UE) se esfumaría. España no es un país especialista en este ámbito. No existe la filosofía made in USA, donde un chaval de catorce años se convierte en CEO de su pequeña primera compañía y años después acaba fundando un empresón, a veces tras varios fracasos. Y no existe porque aquí nadie inculca el chip desde la cuna sino que pretende hacerlo demasiado tarde, con las neuronas ya endurecidas y vía escuela de negocios, una criba que no baja de los 15.000/20.000 euros y que estrecha el cuello de la botella.

Entretanto, crece el paro de larga duración y con él la bolsa de población activa no apta. A largo plazo, el tamaño excesivo de esa bolsa implicará una reducción en la fuerza de trabajo efectiva de la economía y por tanto en su capacidad productiva (Krugman). La suerte de los universitarios neutros (aquellos que sin engrosar las listas del Inem se abonan al subempleo) es parecida: su estigma será la infrautilización, el desempeño de un cargo por debajo de sus habilidades. Para arreglarlo, la patronal pide otra vez al Gobierno los minijobs, que son contratos a tiempo parcial dotados de mayor flexibilidad. Y así llegamos a los ingredientes del cóctel: paro, marginalidad, formación defectuosa y precariedad. Una bomba de relojería a punto de estallar.

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