La ciudad y los días

carlos / colón

Tal para cual

SEÑALABA ayer el peligro de que la necesaria y oportuna recuperación de las Atarazanas acabe en una crecida de la plana marea de losas grises pespunteada de franquicias que desfiguró la Avenida y todo el entorno de la Catedral, anegando también el entorno de las Atarazanas desde el Postigo hasta Dos de Mayo y desde Temprado hasta Pavía. Porque estas planas y quietas mareas grises -símbolo de la calma chicha que tiene varada a Sevilla en su destrozo desde hace más de medio siglo- siempre acaban desbordándose. Del entorno de la Catedral se extendieron -¡la piel sensible!- hasta la Alfalfa y la Plaza del Pan. Ahora desde el horror de las setas se crece hasta José Gestoso la marea de planos suelos grises con bultos de almorranas que han cubierto la Encarnación y el ensanche de Regina.

La recorrió el alcalde escoltado por el delegado de Hábitat Urbano -¡qué salero tienen buscándose nombres pedantes!- y flanqueado por todas las fuerzas vivas que pudo reunir para dar una imagen institucional y participativa del mamarracho que se va a perpetrar para "dinamizar" la zona a través de esta "intervención". "Dinamizar" e "intervenir" equivale en el urbanismo sevillano a "enriquecer" en la jerga cofrade: es la señal segura de que se va a afear algo que fue hermoso, apelotonar figuras con aire de ninot o extremar el rocortera (rococó hortera). Hay una lógica en esto. El antecesor socialista del señor Espadas "intervino" en la Encarnación con las setas para "dinamizar" la zona y ahora su heredero sigue interviniendo y dinamizando para prolongar el horror de la Encarnación hasta Orfila.

La foto del paseíllo del alcalde con su delegado de Hábitat Urbano y las fuerzas vivas deja claro algo sabido: a los sevillanos les importa un pimiento, si no les entusiasma, que destrocen su ciudad. Siempre hemos tenido los gobiernos que nos merecemos, desde el marqués del Contadero (que hace 60 años empezó la no cesada destrucción del casco histórico de Sevilla con los derribos del cuartel del Duque y la calle Imagen) hasta hoy, pasando por todos los alcaldes franquistas y democráticos; que en esto de desnaturalizar, arrasar y vulgarizar la ciudad tanto monta, monta tanto, el dedo del Caudillo como las urnas. Aplaudieron los sevillanos con bigotito el derribo de Imagen y aplauden las setas los sevillanos con pantalón pirata y chanclas o con panamá y gafas oscuras de pasta. Tal para cual.

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