Editorial

Balanzas fiscales y nacionalismo rico

LA publicación, ayer, de las balanzas fiscales de las comunidades autónomas (la diferencia entre lo que aportan al Estado y lo que reciben de él como gasto e inversión) ha sido presentada por el Gobierno de la nación como un ejercicio de transparencia que "en ningún caso" podrá ser utilizado en la inminente negociación del nuevo sistema de financiación autonómica. Precisamente ésta es la intención nada encubierta de algunos de los gobernantes de las comunidades más desarrolladas. El consejero de Innovación, Universidades y Empresas de Cataluña se ha apresurado a deducir que los datos contenidos en las balanzas fiscales demuestran que el sistema de financiación es "insuficiente e injusto" y ha propuesto una alianza de su propia comunidad con las de Baleares y la Comunidad Valenciana, incluso la de Madrid, para cambiarlo en su favor. Los expertos que han elaborado las balanzas, con dos metodologías y en seis supuestos diferentes, han arrojado el resultado previsible: las autonomías de mayor renta por habitante son las que presentan un mayor déficit fiscal, y las de menor renta las que se benefician de un mayor superávit. ¿Es que había alguna duda de que fuera así? Por un elemental principio de solidaridad corresponde al Estado la redistribución de la riqueza nacional, de tal modo que las comunidades menos desarrolladas reciban inversiones y gasto público por encima del nivel de los ingresos que recuada hacienda en ellas, y lo contrario en el caso de las comunidades ricas. En realidad, esta construcción puramente ideológica parte de un equívoco, que hay que deshacer en el sentido siguiente: los que contribuyen a la Hacienda de todos no son los territorios, sino los ciudadanos, las personas físicas y jurídicas que desarrollan su actividad económica en cada lugar. Si hay más ingresos en Hacienda procedentes de Cataluña que de Galicia o Extremadura es simplemente porque en Cataluña hay más personas con mayor patrimonio, más elevada renta y más actividad societaria. Ahora sabemos con datos que hay regiones más contribuyentes y otras más receptoras. Pero es que debe ser así.

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