La crónica económica

Gumersindo Ruiz

Banco Central Europeo: los próximos diez años

ESTOS días se celebra el décimo aniversario de la moneda única y un banco común, el Banco Central Europeo, que lleva a cabo una política monetaria única para los países que pertenecen al sistema, mediante la creación de liquidez y la fijación de un tipo de interés de referencia. Para lograr su objetivo de que la inflación se sitúe alrededor del 2%, el BCE toma como guía la evolución de la liquidez y un conjunto de indicadores que van desde el crecimiento, salarios o precios de las materias primas, a los déficits públicos, que se supone que determinan la inflación.

Durante estos diez años he explicado la política del banco a mis alumnos de Económicas destacando como aspecto principal su orientación a medio y largo plazo (no menos de dos años), de manera que, les decía, si alguna vez hay dudas de si el banco va a subir o bajar, acertaremos apostando a que va a dejar los tipos como están. Durante todos estos años, ha habido un periodo de subidas, de 1999 a 2001, otro de bajadas, de 2001 a 2003, y se han mantenido sin cambios hasta las alzas iniciadas a finales de 2005, que terminaron en 2007.

A los expertos y comentaristas les ha costado entender esta orientación no intervencionista del banco, que no mueve tipos ante fenómenos y alteraciones ocasionales de la economía, sino que crea expectativas de estabilidad a largo plazo y sólo sube o baja cuando comprueba que se está gestando una tendencia inflacionista o deflacionista (como ocurrió en 2001).

La política del BCE es particularmente importante para Andalucía, pues dos de nuestras principales industrias, el turismo y la construcción, tienen que ver con las decisiones del banco; la primera, porque el tipo de cambio del euro es significativo, y la segunda porque depende del tipo de interés. Un euro fuerte no nos ha hecho daño; ha sido indiferente para el turismo europeo y nos ha permitido, con mejoras de calidad, disfrutar, además, de las ventajas de una moneda fuerte. En cuanto a los tipos, sí han sido perjudiciales, porque unos tipos negativos en términos reales para nosotros han permitido un excesivo crecimiento de la oferta inmobiliaria.

Esto ilustra el dilema principal con que se enfrenta el banco: atender mediante una única política a realidades diferentes. Ante un problema generalizado como la falta de liquidez en el sistema financiero la respuesta del BCE ha sido rápida y contundente, no se ha dejado influir por algunas críticas interesadas acerca de las garantías que aportan las entidades financieras, y ha seguido un procedimiento previamente definido, sólo que con volúmenes mayores a los habituales. También ha sido valiente en no reducir tipos, fiel a la línea que explicábamos antes.

Los próximos diez años serán sin duda más complejos para el banco, y hay al menos dos cuestiones en las que tendrá que profundizar. Una, anticipar la inflación de activos (bolsa, bonos, inmuebles); y otra, coordinar con los bancos centrales de los países del sistema la creación de crédito para evitar situaciones como la actual. Ninguna de las dos es tarea fácil, pero los avances en las mismas reforzará la sensación que tenemos de que la creación del BCE, pese a todo, ha sido una buena idea.

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