la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Banco bueno, banco malo

UN banco siempre es bueno; mientras no se demuestre lo contrario, sus activos y pasivos están casados, incluyendo posibles pérdidas ocasionales, y lo que tiene y lo que debe se valora por métodos contables normalizados y aceptados, que permiten a cualquiera, con tiempo y conocimiento, interpretar esas cuentas. El extraño término banco malo se utiliza en España para una posible entidad financiera, hoy inexistente, que comprara activos inmobiliarios sin liquidez, principalmente suelo, en poder de las entidades financieras. Esta propuesta encierra diversas preguntas que cualquiera puede hacerse. La primera, a qué precio se compran esos activos, inmuebles, viviendas o no, y suelo, ya que no hay un mercado para los mismos; si lo hubiera se habrían ido poco a poco ajustando y el problema sería menor. Supuestamente se fijaría un precio arbitrario que contentase al que vende y no supusiera una pérdida para el Estado, que sería el propietario del banco malo. Esto implica también que el banco malo va a ser capaz de gestionar esos inmuebles y suelo mejor que sus anteriores propietarios, obteniendo una rentabilidad por su explotación y promoción que compense, aunque sea a largo plazo, lo que ha pagado por ellos.

La segunda cuestión es la ventaja que esto tiene para las entidades financieras. Se supone que si se desprenden de estos activos ganarán en transparencia, podrán acceder más fácilmente a financiación y, por tanto, estarán en condiciones de dar crédito a la economía. Las entidades financieras ya han ido llevando a pérdidas, conforme al calendario que marca el Banco de España, el menor valor que corresponde contablemente a esos inmuebles y suelo. Puede darse el caso de que se haya dado como pérdida el importe casi total del valor de adquisición de un suelo, por lo que contablemente valdría casi cero, lo que no significa que se vaya a regalar, puesto que si ahora no hay demanda para promoción, en un futuro aunque sea lejano la habrá, y esa parcela tendrá un valor. En España tenemos memoria de ventas por el Fondo de Garantía de Depósitos de suelo y bienes inmuebles a precios irrisorios, procedentes de entidades financieras intervenidas, que hicieron algunas de las grandes fortunas actuales; por no remontarnos a las desamortizaciones de tierra en el siglo diecinueve, que dieron lugar a la figura del terrateniente, personal o societario, que pervive en Andalucía.

En el verano de 2008 propuse aquí la compra de activos inmobiliarios por parte del sector público, con fuertes descuentos, no para malvenderlos, sino para explotarlos en alquiler y conseguir dar liquidez al mercado inmobiliario. La reacción general fue muy negativa, pues se imaginaban privilegios para el sector inmobiliario que de ninguna manera se encontraban en esa propuesta. Hoy, para facilitar la liquidez al sistema financiero es más fácil empezar con un banco bueno, esto es, un fondo que adquiera carteras de préstamos hipotecarios buenos y que emita títulos para colocar en el mercado, dando así liquidez a los bancos. En estos momentos sólo el Estado puede dar credibilidad a este proyecto, aportando seguridad y transparencia a la operación.

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