el periscopio

Bankia: nadie acabará en la trena

SI se entra en las páginas de economía de algún diario, y pincha en la cotización de Bankia, y en su evolución en el último año, comprobará varias cosas. Por ejemplo, que la acción salió a bolsa a un precio de 3,75 euros después de una muy agresiva campaña publicitaria en todos los medios vendiéndonos aquello como un chollo de inversión a medio y largo plazo; que la acción fue sostenida durante varios meses a ese precio de forma artificial hasta el pasado febrero; y que a partir de entonces se ha desplomado hasta alcanzar el risible precio de 0,7 euros: la quinta parte de su valor de colocación. En un año. O lo que es lo mismo, el jubilado que hizo caso al director de su sucursal -conozco algunos a los que no pondría al frente ni de una taquilla de cine- e invirtió, por ejemplo, 100.000 euros, ha perdido 80.000. Esto afectó y afecta a 350.000 pequeños accionistas que, legos la mayoría en estas cuestiones, se creyeron las patrañas de los empleados del banco, meras correas de transmisión a su vez de los mandamases de arriba: había que colocar las acciones fuera como fuera. Todavía recuerdo la foto de un fatuo Rato tocando la campanita de la Bolsa el 19 de julio de 2011. Curiosamente, José Luis Oliva, vicepresidente de la entidad y un verdadero crack en la gestión económica de todo lo que ha tocado, vendió sus 40.000 acciones en noviembre de 2011, antes de la debacle. El agujero de Bankia asciende, por ahora, a 19.000 millones de euros.

Uno, cuando lee y examina este tipo de cosas, se pregunta: ¿aquí no pasa nada? ¿Nadie va a responder de nada? ¿Saltará otro escándalo mayor en algún lado que nos haga olvidar el anterior? ¿Acabará en la trena alguien? ¿Qué va a pasar, por ejemplo, con don Iñaki, ese elemento? Porque si meter fuego y actuar de pirómano es grave, que después de arrasar un país todo quede impune es indignante. Recomiendo en este sentido el artículo -magnífico como casi siempre- de Manuel Conthe en el diario Expansión Los agujeros de Bankia, en el que se hace eco y comenta la querella interpuesta por UpyD contra los consejeros de la entidad financiera que firmaron el folleto de salida a bolsa de la misma y recomendaron la compra de las acciones.

Los delitos que se les imputa son los de estafa (no suena extraño), apropiación indebida, falsificación de cuentas (tampoco), delitos societarios y manipulación para alterar el precio de las cosas (menos aún visto cómo ha ido todo un año después). La querella se pregunta: "¿Acaso el folleto advertía del riesgo de las cuentas fueran falsas?". No. ¿Responderá alguien de ello? Tampoco.

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