Con efecto

Javier Mérida

Barcos, capitanes y timoneles

El Sevilla acaba 2008 con millas de ventaja sobre el Betis gracias a un modelo de gestión bien estructurado

EL último domingo del año expiró, sin fútbol como se estila por estos andurriales, y los resultados y las sensaciones que arrojan los dos principales clubes sevillanos continúan tan dispares como comenzaron a atisbarse ya hace tres años, justo cuando uno era incapaz de encajar la digestión de un título logrado en junio y el otro se aprestaba para devolverle el pildorazo multiplicado por cinco.

Es el Sevilla hoy un club modelo en muchos sentidos y pionero en diversos ámbitos del orbe futbolístico. Con una cabeza visible de una firmeza inestimable, el barco navega siempre por buen rumbo pese a que en fechas más o menos recientes haya surcado aguas procelosas que lo han hecho tambalearse. Empero, poco ha tardado el capitán en dar ánimos a su timonel, refrendarlo al frente de la empresa deportiva e incluso lanzar renovados y optimistas retos para la mitad del curso aún por dilucidar.

En la acera contraria, el Betis navega a tumbos como suele. Apenas divisa en lontananza qué le deparará el albur al día siguiente y si no ha zozobrado ya es gracias a su timonel. No es que Paco Chaparro sea más que Manolo Jiménez, no, es que el primero es el único tripulante fiable en su nave mientras que la que dirige el arahalense está preñada de profesionales válidos, sólo eso. Porque en el Betis el capitán ni está ni se le espera y, encima, éste se ha rodeado de un grupúsculo de aduladores que apenas se preocupa de defender su taifa particular.

Es sólo por ello que en verdiblanco sea tan trascendente la figura del timonel mientras que en Nervión el palo mayor está vigorosamente gobernado por el capitán. Si encima los remos, en los despachos y sobre el césped, se mueven al unísono a diferencia de donde chocan unos con otros, cuenten desde ahí las millas en las que el Sevilla ha aventajado al Betis en este 2008 que languidece.

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