Visto y oído

Antonio / Sempere

Bassi

Ceno con Leo Bassi, hombre desaparecido de la televisión desde hace siete años. Escribió algunas de las páginas memorables de Crónicas marcianas. Algunas emitidas después de las dos de la madrugada, para que no hubiese demasiada polvareda. Lo cierto es que sus apariciones siempre conllevaban picos de audiencia. Leo Bassi es descendiente de una saga circense. Leo me cuenta que encontró, en la primera etapa de Crónicas, la mejor carpa circense de cuantas se podía hallar en un plató televisivo. No faltaba nada. Ni siquiera esos frikis que siempre formaron parte de las troupes desde que el circo es circo. Leo Bassi es provocador y transgresor, y a estas alturas no le duelen prendas al reconocer que Javier Sardá le dio total libertad para dar rienda suelta a sus ocurrencias. Permitiéndole saltarse la escaleta, convencido de que todo lo que no resta, suma, y que él era espectáculo en estado puro.

Pero todo tiene un límite. Para Leo Bassi, Crónicas no llegó a ser todo lo que debía por tener que estar al servicio de la cadena. Acogiendo a los concursantes de sus grandes hermanos. A los actores de sus series. Desatendiendo poco a poco otro tipo de contenidos y fórmulas más sugestivas y provocadoras.

Por ahora Leo Bassi ha sido coherente con su discurso. Marchó al teatro, a realizar monólogos como La revelación, que todavía hoy levantan polvareda. Para la próxima temporada prepara Utopía, cuyo título ya habla muy elocuentemente sobre sus intenciones. Está bien que sigan existiendo bufones como Bassi, que continúen pensando que la televisión puede transgredir, y que cuando el medio no se adecua a estas características es mejor apearse de él. Está bien que sigan existiendo cómicos como Leo Bassi, tan convencidos de lo que hacen, de lo que dicen, de lo que son. A sus 55 años, la autenticidad es su mejor bandera.

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