Ignacio Martínez

Basura de Marbella para consumo nacional

EL delincuente más famoso de España se ganó delante de todos los españoles, por una horita de televisión, 350.000 euros. La cifra la confirmaron en el programa. En bolsas de basura, al peso, serían unos 60 millones de pesetas mal contados. Estos personajes de los bajos fondos, salen de la cárcel después de 27 meses y se hacen todavía más ricos con la cooperación necesaria de una televisión basura; en este caso, Telecinco 5. Julián Muñoz no pudo ir a Madrid a cumplir con su contrato en la noche del viernes, porque en buena hora no le dejó la junta de tratamiento de la prisión de Alhaurín de la Torre. Está todavía en el tercer grado penitenciario. Así que presentador, cámaras, unidades móviles y delincuente invitado actuaron desde Málaga, para transmitir al mundo el mensaje del antiguo valido de Jesús Gil.

Uno de los tertulianos que estaban en Madrid lo comparó en un momento determinado con un telepredicador, por su discurso de iluminado. Sedado por algún medicamento, la meditación trascendental o por la terapia carcelaria, Muñoz intentó dar la idea de estar arrepentido de sus pecados y pecadillos. Llegó a decir que al menos el último año de cárcel ¡le hacía falta!, porque había cometido muchísimos errores. Pero le traicionaron sus instintos. Afirmó que Jesús Gil, durante algún período de su mandato, fue el mejor alcalde que ha tenido Marbella.

Sus historias sentimentales eran, al parecer, el principal objeto de interés de la audiencia, que fue notable: un 20,7% de los espectadores, 2,67 millones de personas, siguieron el programa. (En las páginas de televisión tienen más información al respecto). Pero lo cierto es que Muñoz no dijo gran cosa. Transmitió un semblante de hombre triste y solo, se mostró comprensivo con la prensa que le ha acosado en los últimos años y con la policía que le detuvo. Y, cómo no, intentó lavar su imagen: "Yo nunca me he llevado una comisión; no me he llevado una bolsa de basura con dinero a mi casa; de hecho, ningún juez me ha condenado por eso".

Lo de las bolsas de dinero fue su mujer, Maite Zaldívar, la que lo dijo en la televisión. Y lo de las comisiones fue Jesús Gil -el mejor alcalde que ha tenido Marbella, según él-, quien lo soltó en un cara a cara espectacular entre ambos en agosto de 2003. También en la televisión. Es cierto que todavía ningún juez le ha condenado por estas cosas. Pero está procesado en múltiples casos, como el Malaya, en los que sí se le acusa de cohecho y blanqueo de capitales. El viernes dijo que no se consideraba un alcalde corrupto, porque no le habían demostrado que se había quedado con dinero. Con el diccionario en la mano, la decena de condenas por delitos urbanísticos que se han dictado contra Julián Muñoz, no sólo lo convierten legalmente en un delincuente, sino también lo definirían como corrupto. Dice la RAE que corromper es "alterar y trastrocar la forma de algo". Y trastrocar es "mudar el ser o estado de algo". El código penal de 1995 tipificó el delito urbanístico, que antes no existía, como una moderna forma de prevaricación y corrupción. Expertos de prestigio, como el magistrado del Supremo Martín Pallín, sostienen que detrás de los delitos urbanísticos hay otros como cohecho, malversación de caudales públicos o tráfico de influencias. Lo que significaría que los concejales que mudan el estado de un suelo no lo hacen por amor al arte.

Los delitos económicos son fáciles de ocultar y complicados de investigar. Pero a Muñoz le esperan acusaciones que ya no le facilitarán arreglos como hasta ahora con una Fiscalía precaria, tardía y benévola que ha preferido pactar penas reducidas de cárcel, sin multa alguna, para ahorrarse las vistas de los procesos. Lo que significa que los daños causados al pueblo de Marbella por los delitos urbanísticos nadie los subsana. Sólo sirven de basura, para consumo nacional.

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