El balcón

Ignacio / Martínez

Batalla sorda

LA movida socialista madrileña de estos días tiene una derivada andaluza. Se quiera o no reconocer, Susana Díaz y Pedro Sánchez libran una batalla sorda por el cartel electoral del PSOE en las elecciones generales. Díaz es la rival más fuerte en las autonómicas según los sondeos; en el de ayer de Egopa es la única que aprueba de todos los candidatos. Pero también es la mejor posicionada ante unas posibles primarias socialistas. La maniobra de Sánchez de derrocar a Gómez y colocar en su lugar al ex rector y ex ministro Ángel Gabilondo, entre otras cosas, pretende parar el desembarco de Díaz en Madrid.

Ayer, Enric Juliana sostenía en La Vanguardia que si Gabilondo se convierte en presidente de la poderosa región central, Susana Díaz tendría que conseguir muy buen resultado en Andalucía para que la llamen como salvadora del partido: "La toma de Madrid modificaría la relación de fuerzas en el interior del PSOE. Si Sánchez consigue conquistar Madrid con el audaz golpe de mano que acaba de poner en marcha, Díaz puede quedar anclada en Andalucía".

Pedro Sánchez está convencido de que soplan buenos vientos para los líderes modernos y vienen mal dadas para todo lo que suene a antiguo. Quiere ser el primer líder socialista de la nueva era, pasando por encima de quien apadrinó su llegada a la Secretaría General del PSOE. La operación líder moderno está capitaneada por Verónica Fumanal, joven asesora política catalana con un puñado de éxitos: aconsejó a Albert Rivera en la campaña en la que Ciudadanos pasó de tres a nueve diputados en el Parlament y al candidato socialista a la Alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, en las primarias que ganó en el PSC. Ella está detrás de las audacias televisivas de Sánchez, ya sea llamar a Sálvame, colgarse de un aerogenerador en Planeta Calleja o visitar El Hormiguero.

Fumanal busca perfil propio para su jefe. Para paliar el deterioro de la marca PSOE, su filosofía es que "cuando uno no confía en algo que se llama político, sí puede fiarse de alguien llamado persona". Claro que sus tres secretos para el triunfo, originalidad, discurso positivo y capacidad de riesgo, también son atribuibles a Susana Díaz, que frente a las modernidades de Sánchez parece más clásica o más castiza. En el pulso entre estos astros socialistas, Díaz enarbola la unidad como virtud del PSOE andaluz. Eso es fácil para un partido institucional, que no ha perdido el poder en 33 años. Mucho más difícil es conseguir los 55 escaños de la mayoría absoluta en el Parlamento andaluz. Un listón inabordable para el PSOE antes y después de la movida madrileña.

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