en tránsito

Eduardo Jordá

Bengalas

HE leído los primeros comentarios sobre la macrofiesta de Halloween, celebrada en un polideportivo de Madrid, en la que murieron tres chicas durante una estampida y dos más resultaron con heridas muy graves. Por lo que parece, la estampida se produjo porque unos cretinos lanzaron una bengala en un pasillo a las cuatro de la madrugada. Pero lo curioso es que la mayoría de comentarios e informaciones de primera hora, que se basaban en los testimonios de los testigos, se olvidaban de la bengala y se ponían a buscar culpables en el Ayuntamiento de Madrid o en los organizadores de la fiesta o incluso en los vigilantes de seguridad. Y hasta había comentarios en las ediciones digitales de los periódicos que acusaban a los propios jóvenes que habían asistido a la fiesta, a los que llamaban borrachos y drogados e irresponsables, ya que muchos de ellos eran menores de edad.

Bueno, vale, puede ser que todo el mundo tenga una parte de responsabilidad, pero lo que más me asombra de este asunto es que nadie se haya acordado desde el primer momento de los verdaderos y únicos responsables de lo sucedido. Y esos responsables son los descerebrados que encendieron las bengalas y provocaron la estampida de pánico. En los campos de fútbol está prohibido encender bengalas, y supongo que si lo está en un campo de fútbol, también estará prohibido encenderlas en los recintos cerrados donde se ha reunido una muchedumbre a celebrar una fiesta. Eso debería saberlo hasta un niño de parvulario, pero por lo que parece aún hay gente que no lo sabe. Y esa gente que no lo sabe -o peor aún, que sí lo sabe, pero que aun así actúa como si no lo supiera- es la que debería ser perseguida por una irresponsabilidad flagrante que ha ocasionado tres muertes. Y aunque la legislación no sea clara, y quizá no haya una responsabilidad penal directa, la persona que lanzó la bengala debería pagar las consecuencias de lo que hizo. Y si no es así, es que vivimos en un país que se ha vuelto tonto, posibilidad -por cierto- que nunca hay que descartar del todo.

Lo digo porque vivimos en un país en el que la responsabilidad individual se ha diluido de una forma inexplicable. Y en vez de buscar a los responsables directos de un suceso muy triste, nos perdemos en acusaciones y reclamaciones que sólo encubren enfrentamientos políticos o que demuestran un espantoso desconocimiento de la realidad. Si alguien lanzó una bengala y provocó una estampida en una discoteca, no hay que buscar responsabilidades subsidiarias ni causas remotas. La causa fundamental de lo que pasó fue el hecho elemental -y criminal- de que alguien lanzara una bengala. Y debería ser muy fácil averiguar quién fue. Y luego hacerle pagar por su grave y estúpida irresponsabilidad.

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