las dos orillas

José Joaquín León

Berlusconi o la ruina

LOS análisis de la crisis se nos pueden desajustar en cualquier momento. Todas las previsiones son erróneas. Basta con que Silvio Berlusconi diga que vuelve para que bajen las bolsas y suba la prima de riesgo de España hasta los 430 puntos del tirón. La prima se asusta con Berlusconi, se le pone el riesgo de corbata, pues teme acabar como una velina en una orgía. La prima es sensible a estas cosas nostras, lo único que le faltaba es cambiar a un señor tan formal como Monti por un crápula declarado como don Silvio. ¡Sálvese quien pueda!, habrá pensado la prima. Y se ha subido, como la que se encarama a la copa de un árbol, por si acaso.

En estos apuros se encontraba la prima, cuando llega Cristóbal Montoro y anuncia que lo de Italia nos perjudica. Europa es así, un lugar extraño. Berlusconi causa estragos con su satirismo, nada más anunciar que vuelve. Y menos mal que Zapatero está callado, no se le ha ocurrido decir que vuelve para salvar al PSOE, porque en ese caso la prima se hubiera subido en cohete para ver la conjunción astral. Con todo esto se aprende que los dichos de unos u otros influyen bastante. No es lo mismo lo que diga la señora Merkel, que es una amiga de confianza para la prima, que lo que diga don Silvio, que le causa pánico en cuanto abre la boca.

Con estos detalles se aprecia la inutilidad de los separatismos. ¡Si lo que hacen en un país influye en el otro! Hoy por hoy, no es posible que Cataluña se convierta en una nueva Suiza, aunque Artur Mas ponga de su parte. Por el contrario, si Mario Monti tose, la economía española se resfría. Es lo del contagio, que dice Montoro. Lo malo es que siempre se nos contagia lo malo, la gripe aviar de Monti, en vez de la salud alemana de la señora Angela, que está rolliza y bien nutrida, aunque ahora crece menos. Montoro se consuela diciendo que la recaudación del IVA ha subido un 11%. Y avisa que van a crear ¡más plazas de funcionarios! Eso sí, serán funcionarios con glamour, de lujo: abogados y economistas del Estado, diplomáticos, gente así.

Se nos va a ir Mario Monti, por la puerta de atrás, sin que sepamos quién es el Monti español. Cuando Italia empezó a mejorar con su Gobierno de tecnócratas, algunos ilustres expertos (de los que no aciertan una) empezaron a pedir en los periódicos y las tertulias un Monti español. Sustituir a los zapateros y los rajoys por gente preparada, verdaderos profesionales. Ya no se acuerdan de que Rodrigo Rato llegó a director del FMI y que, siendo tan listísimo, José María Aznar prefirió a Mariano Rajoy, decisión por la que aún sigue dando explicaciones y escribiendo libros.

Y en esas llegó Berlusconi, que es lo contrario de Monti. Con él se cumple que los grandes chuflas nunca desaparecen de la política.

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