Fijación escrita

Carmen G. Frigolet / Cgutierrez@diariodecadiz.com

Besos robados

EN la vida, como en las películas, no imagino un final más esperado que aquel que se nos niega tener. Como el protagonista de Cinema Paradiso quien, desde niño, aguardó el regreso. Y con éste, aquellas escenas románticas que en su infancia sufrían un tijeretazo censor.

Aquellos besos ficticios de penetrante mirada preliminar, centímetros de más sobre la piel desnuda... La esencia de lo prohibido despierta nuestra curiosidad. Lo humano, en definitiva. Eran otros tiempos, pero incluso hoy los besos robados se tornan en delito impúdico. Dependiendo del escenario y los protagonistas.

Me refiero al actor estadounidense Richard Gere, que no pudo resistirse a posar sus labios sobre la mejilla de Shilpa Shetty, estrella del cine hindú. Ambos compartían una postura de sobreactuado tango. Este abrazo en público podía haber costado muy caro a Gere, de no haber sido suspendida la orden de arresto, dictada por el Tribunal Supremo de la India, que recaía sobre él.

Ajenos a la sensualidad que emana su exótica cultura, Bollywood mantiene férreamente las tradiciones de su pueblo. Puesto que los actores también conservan intacta su fe, pese a las riquezas de esta nueva meca del séptimo arte.

La ex Miss Mundo 1994 y musa de estos parajes, Aishwarya Rai, ha aceptado, como buena creyente, la compasión que ha despertado su vida privada entre sus patriotas. Con 34 años, llevaba desde los 18 en edad casadera. Ella no tenía la culpa, pero llevaba escrita la palabra manglik ("maldita") desde que nació. Para la comunidad hindú, tener un mal horóscopo, la piel demasiado oscura o una edad muy avanzada son obstáculos para llegar al altar con gracia. Y Rai cumplía todos estos preceptos. Además, eran conocidos sus romances anteriores, cosa que tampoco era de buen ver.

Parecían no existir los finales felices para ella, ni tampoco para su prometido, el también reconocido actor Abhishek Bachchan. Pero lograron su propósito el año pasado, pese a las maldiciones. Sin embargo, las historias, afortunadamente, nunca acaban.

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