Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Betis se hunde como sólo él acostumbra

TODO el sueño iba a convertirse en pesadilla en sólo tres minutos. Pero también tendría su guinda este macabro pastel cuando Rubén mandó a la madera un penalti. La maldición se había consumado, ya apenas cabe hacer cuentas y un curso horripilantemente diseñado tendrá el fin que merece. Que la mala fortuna y ciertos factores exógenos han influido, claro que sí, pero las culpas hay que buscarlas dentro, bien dentro.

Un muy grosero error de Caballero, el único de ese calibre que había cometido el argentino en todo el curso, iba a permitir que el bético siguiese soñando. Era en una primera parte en la que el balón lo tenía el Málaga con más frecuencia que el Betis gracias a su superioridad numérica en la plataforma central. Sin embargo, el equipo malaguista no conseguía traspasar la línea de tres cuartos salvo en una ocasión de Santa Cruz que abortó con mucho brillo y gran acierto Adán.

Y se llega al intermedio con los miocardios galopando al ritmo que marca ese sueño que es la supervivencia, el de alcanzar lo que se fue tirando a través de un año para el olvido. La segunda parte es una copia casi exacta de la primera, pero con la salvedad de que el Betis desaprovecha un puñado de ocasiones a la contra. Entre esa falta de gol que viaja en la valija bética en todos sus viajes y que Caballero se desquita con creces de su error, el partido camina en el filo de la navaja.

En los diez minutos finales se produce una concatenación de dramas para el Betis que signarán, a falta de lo que dicten las matemáticas, el descenso. Todo el enorme trabajo realizado durante más de ochenta minutos va a venirse abajo cuando el omnipresente Amrabat le muestra la matrícula a Chica. Todo es puro surrealismo hasta la última campana con un final que es el retrato psicológico de los capítulos más infaustos en la historia del por siempre Real Betis Balompié.

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