Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cuando el Betis toca la corneta...

Viendo el acto de ayer, un bético de siempre pensaba en voz alta: "Lo que se lograría con una cabeza normal..."

NORMALIDAD, nada fuera de tono y reinando una cordialidad que parecía desterrada de la órbita del club desde hace una eternidad. Se rebautizaba la remodelada ciudad deportiva que el Betis posee en Los Bermejales, caía el sol a plomo sobre la Ciudad del Sol y se arremolinaba el beticismo en torno al futbolista más grande que defendió el pabellón verde, blanco y verde. Béticos viejos, de ahora y del futuro se juntaban con la guardia baja, aparcando por un rato la inquietante duermevela que vive la institución. Futbolistas de antes, muchos de ellos alejados durante un tiempo que fue demasiado, en fin...

Y viendo aquello, uno de esos futbolistas que en su día decidieron mirar hacia otra parte que no fuese el Betis, ese Betis manejado de forma insoportable, entornando los ojos pensó en voz alta: "Hay que ver lo que pudo conseguir Lopera de este club, si lo hubiese dirigido con normalidad". Y es verdad, ¿dónde podría haberse situado el Betis con una dirección lógica, simplemente normal?, si no hubiese echado a los que valen de su lado, si hubiera obrado con la cabeza puesta en buscar lo mejor para el Betis dejándose de ataques de celos absurdos, de desconfianzas, de megalomanías y de mezquindades a granel. Claro que para eso tendría que nacer de nuevo.

En una situación como la que padece el Betis, donde la cabeza dirigente se mueve como si la fecha de caducidad no estuviera ahí al lado, sólo puede pasar en el por siempre Real Betis Balompié que el acto de ayer fuese tan entrañable. Con la que está cayendo y, según los augures, la que está por caer, ayer a mediodía en la Ciudad del Sol sólo revoloteaba una sombra y no demasiado densa, la verdad. Esa sombra no tenía nada que ver con el maremoto institucional que se avecina por vía judicial sino que era el partido que el Betis tiró por la borda unas horas antes. Qué buenos vasallos los béticos si algún día, de una puñetera vez, cuentan con un buen señor.

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