Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Big Bird

ES amarillo como un informe de Standard & Poor's, desgarbado como la mayoría de los ministros de Economía, y de una ingenuidad que se aproxima a la de nuestros presidentes del Gobierno. O a la del presidente de los Estados Unidos. Lo que está claro es que nadie sabe a qué especie pertenece. Allí, donde los huracanes terminan de constipar los parqués, lo conocen como Big Bird, uno de esos peluches que, didácticamente con vocación mundial, enseñan a contar los números, a deletrear las vocales y a señalar dónde está arriba y dónde está abajo, que eso es útil. Por aquí se le bautizó como "Paco Pico", pero lo podían haber llamado de cualquier otra manera. Para que nadie se despistara ahora lo han traducido como "Caponata", en recuerdo a su prima hermana que entre nosotros vivió a principios de los 80 y que manipulaba, entre asfixias, la gran Emma Cohen.

Big Bird, por su volumen y altura, es el personaje más evidente de Barrio Sésamo, del Sesame Street de la cadena pública PBS. El candidato consevador Romney ha preferido acordarse de él mejor que de los incorrectos monstruos peludos o de la siempre ambigua pareja Epi y Blas (Ernie y Bert, por allá). Si esos estados dubitativos terminan inclinándose hacia Romney el pájaro amarillo y todas sus castas lo van a pasar mal, porque el Tío Sam cortaría el grifo de la PBS y la cadena pública tendrá que mendigar aún más entre sus donantes. Obama, por su parte, ha alertado del peligro que corre Barrio Sésamo, con la piqueta de los neoliberales a punto de hacer picadillo esta guardería.

La cadena pública de EEUU, una verdadera ventana para las minorías y una ventanilla para lo más heterodoxo, no tiene nada que ver con nuestros canales públicos de telenovelas, Igartiburus, citas para ancianos y niños repipis. Ni la mejor cadena pública está a salvo entre las guadañas. Muy malos tiempos.

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