Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Biodiversidad

SOLEMOS decir para censurar veladamente un parecer que sobre gustos no hay nada escrito, pero ésa es una gran mentira: los sociólogos, y sobre todos los marketinianos, saben que, aunque nos lo dijeran nuestras titas y se lo hagamos ver los padres contemporáneos a nuestros hijos, no hay nadie "único". O casi nadie; siempre hay excéntricos y librepensadores... pero pocos, por suerte para publicitarios y sondeadores. Nos comportamos como tribus más o menos homogéneas en función delsegmento socioeconómico al que pertenezcamos. Y eso no es malo: si el segmento mayoritario no duda en elegir una playa atestada y en agosto para tomar vacaciones, no sólo los arrendadores del lugar obtendrán rentas apetitosas, sino que los excéntricos podrán sentirse en su ciudad como Eduardo Noriega en la Gran Vía en Abre los ojos, solitaria cual paisaje tras la bomba de neutrones. En la variedad, aunque sea desequilibrada, está el gusto, damos también por cierto. He oído hablar de gente que tiene la discografía completa de Mari Trini o Dyango, lo cual es respetable, aunque yo con la audición de sus elepés podría ser torturado como Filemón por el Superintendente al final de la historieta.

Hemos adoptado en política, con respecto a la variedad, un aserto de la Biología: que la diversidad no sólo es algo positivo, sino necesario (a pesar de que en la mayoría de los países democráticos estables lo que predomina es el bipartidismo con contrapesos menores). La biodiversidad se considera algo tan deseable que el organigrama ministerial español comprende una Dirección General de Biodiversidad que lo que hace es defender del hombre al resto de seres vivos. En estos largos cuatro meses de intolerable e insufrible juego de póquer entre neófitos de la política, al experimentar el complejo poliedro de intereses y poses, uno ha echado en falta una DG de Biodiversidad Política, un árbitro que amonestara por exceso de teatro de los negociadores, alguien que evitara el abuso de los tahúres mediáticos de ocasión. Que pusiera encima de la mesas cosas importantes, como el nivel de déficit público en relación con la deuda, el desempleo y el crecimiento, y sacara tarjetas a los que abusan de palabros como "mayoría de progreso" y "transversalidad", tan etéreos y vacuos. Pero, ay, esa dirección la debería nombrar quienes gobiernan y legislan, si no resultaría muy autoritaria, centralista y todo eso. Esperemos que la biodiversidad política española sea un estadio evolutivo de especies que convergen en algo más manejable (y mejor que el bipartidismo corrupto, la gran lacra junto al crash inmobancario).

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