Visto y oído

Antonio / Sempere

Bob

PASO unos días con Oliver, un amigo traductor. Bob, su mascota, es un oso curtido. Cuando les escucho charlar cada noche, antes de apagar la luz, me doy cuenta de que este osito de peluche ha recorrido más mundo que yo.

Y quién sabe si también ha vivido más, aunque sea más joven. A lo que le gano, evidentemente, es a horas de televisión engullidas, pero para lo que me sirve. Oliver le pide a Bob que salude a Antonio. Yo le sonrío desde la cama de al lado, pero el osito me apostilla con un "a ver si maduras".

Oliver y Bob me suelen hacer rabiar. Creía que era Oliver el que me había dicho, bromeando a propósito de mis carencias emocionales, que me iba a enfadar al ver cómo mimaba a su mascota. Pero no. Resulta que era Bob quien me lo restregaba. Con su voz aguda y su ironía desatada.

Y es que Bob no tiene pelos en la lengua. Apenas nos levantamos ya está lanzando por su boca algunas de las suyas.Claro, que con su bagaje puede permitírselo. Solamente en los últimos años Bob ya ha pasado con su dueño un año de Erasmus en Rumanía, y alguna que otra temporada en Edimburgo y Roma. Lo que habrá visto y oído. Es de los que saben procesar la información. Compartió pisos por los que pasaron universitarios de muchos países. Y se le fue la vista a la pantalla del portátil por las cabeceras informativas más variopintas. Primero, siempre, las de su lengua materna, el catalán. Después, peinando las españolas, inglesas y francesas. De ahí que a estas alturas me sienta un poco analfabeto, dependiendo del intérprete en las ruedas de prensa y de los subtítulos. Porque, la verdad sea dicha, que todo el nivel idiomático al que puedo aspirar sea el que nos llega a través del Gomaespuminglish sabe a poco.

Definitivamente, creo que nací demasiado pronto, en una generación que no era la mía.

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