Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Boda real vida real

BODA real. La crema y nata de la aristocracia mundial se ha dado cita en Londres para participar en un gran espectáculo. El mayor espectáculo del mundo ha sido ayer este festival de celebridades, damas con faldas algo por encima o por debajo de sus nobles rodillas, vestidos de fantasía y sombreros inverosímiles; chaqués de todas clases, más grises o más oscuros, con pantalones de rayas o lisos, ajustados o anchos; uniformes militares de gala, con bandas de colores llamativos y condecoraciones caras.

Una feria de las vanidades para los 1.900 invitados, seguida en las calles de Londres por una multitud enfervorizada, contabilizada en más de medio millón de personas. Y contemplada en directo por televisión desde todos los confines del planeta por 2.200 millones de seres humanos, dispuestos a mirar embobados a estos jóvenes sanos, guapos, ricos y afortunados que han culminado en el altar de Westminster una historia de amor. El paradigma de la felicidad.

Nos fascinan estas cosas. Debe ser cosa de la crisis. No es una debilidad limitada sólo a los ingleses, a los europeos o a los occidentales. La boda ha tenido el triple de telespectadores que la de Carlos y Diana hace treinta años, y para eso, ha habido que provocar el interés de todo el mundo. ¿Quién dijo que la monarquía británica está en crisis? Estas instituciones milenarias manejan el marketing divinamente.

La vida real, sin embargo discurre por otros derroteros. A España le hace falta una campaña de marketing como la de la boda de Guillermo y Catalina. Ayer nos enteramos que estamos al borde de los cinco millones de parados; que hay 1.400.000 familias españolas en las que ningún miembro tiene trabajo. Y en Andalucía el panorama es mucho peor. Rozamos el millón doscientos mil parados y una tasa oficial de desempleo del 30%. Y lo que va mal es la economía del país, el mercado, que es el que crea empleo y no los gobiernos.

Hay que espabilar. En el congreso nacional de parques tecnológicos celebrado esta semana en Sevilla, el creador de Pocoyó, José María Castillejo, ha explicado que en los próximos 30 años se va a licenciar en las universidades mundiales más gente de la que lo hizo anteriormente a lo largo de la historia, pero que la mitad no conseguirán empleo. El mundo está cambiando a tal velocidad que hay quien recomienda adaptar hasta ese instrumento supremo de la educación que han sido tradicionalmente las universidades. La vida real proporciona tal cantidad de preocupaciones, que puede entenderse el entusiasmo que generan historias reales que parecen de cuentos de hadas.

El personal decide jugarse los últimos euros a la lotería y evadirse de sus inquietudes domésticas curioseando a los habitantes de la fantástica alfombra roja. Cambia la vida real por la boda real. Por un día.

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