Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Bodorrio

SI la guerra saca lo mejor y peor de cada uno de nosotros por la sensibilidad ética; las bodas hacen lo mismo pero con la sensibilidad estética. Y Telecinco se decanta por el pastelito y el exceso peliculero. Volutas infinitas y combinaciones estridentes. Al plató lo llaman Templo del Amor. Un templo para hacerse ateo. Las bodas de Sálvame está a la altura del programa del que surge como gemación para los fines de semana: un enlace con Carmen Alcayde gritando en la calle y Lydia Lozano vestida como madrina fea.

Con Jorge Javier como pastor les ha ido muy bien de audiencia, como suplemento del sábado al rito de toda la semana. Ya veremos qué ocurre con Kiko Hernández. Y con un ritmo digno de la subasta de Un, dos, tres, tuvimos al Jorge Javier de Hay una cosa que te quiero decir, investido con cáscara humana para escarbar entre las lágrimas y los gimoteos, bebé incluido.

Una joven pareja de vendedores ambulantes fueron los primeros protagonistas y en su favor hay que decir que no dieron vergüenza. Ni ellos, ni sus familiares. Dentro del espectáculo premeditadamente hortera orquestado por Telecinco, los agasajados estuvieron comedidos y receptivos. No se dejaron llevar a rastras por la corriente de convite de medianoche. Para dar vergüenza ya tenemos a la mano derecha del director de Informativos de TVE.

Con discursos directos a las llagas del corazón, Soraya cantó en el karaoke final tras haber conocido al wedding planner, un tal Marc Giró, un pulidor de estilo que riñó a los novios por dormir con el calzado deportivo debajo de la cama, convirtiendo su dormitorio en un gran ambientador con peste a pie. Claro, si Telecinco no fuera fiel a sí misma, a ver qué iban a hacer con sus bodas.

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