la tribuna económica

Rogelio Velasco

La Bolsa en la crisis

LAS fuertes caídas de la bolsa española estos meses han provocado que más de la mitad de los valores del Íbex coticen en estos momentos por debajo de su valor contable. Han sido especialmente castigados los valores bancarios, pero también las empresas de ingeniería civil y de energía.

Cuando miramos la evolución de la bolsa española y las internacionales, observamos que la caída de los mercados durante los dos últimos años es un fenómeno fundamentalmente de la zona euro. Ni las bolsas de EEUU ni las europeas fuera del euro han sufrido tanto.

El Íbex cotiza hoy un 31% por debajo del nivel de hace un año y a un 36% respecto de hace dos. Incluso la bolsa del país occidental que mejor está durante la crisis, Alemania, muestra una caída del 22% en un año y del 11% en los dos últimos años. El índice Eurostoxx50, que contiene las 50 mayores compañías de la Europa continental, es el que mejor refleja ese efecto selectivo sobre las compañías domiciliadas fuera del área anglosajona, con caídas del 26% y el 28%, en uno y dos años, respectivamente.

A pesar de la pésima situación económica del Reino Unido, el FTSE de Londres ha ganado un 5% en los últimos doce meses y se encuentra al mismo nivel que hace dos. Al otro lado del Atlántico, tanto el Dow Jones como el Nasdaq, se encuentran por encima de los niveles de los dos periodos de referencia.

El efecto país o región está afectando más a la cotización de los valores que la calidad de los activos que se detentan o las expectativas de las compañías en el medio plazo. En el caso de EEUU, los mercados confían más en las posibilidades de las grandes empresas que en la situación macroeconómica y en las perspectivas que se dibujan, especialmente en lo que se refiere a deuda pública. Las empresas de EEUU son hoy fuertes y han reducido mucho su endeudamiento.

La bolsa de Londres refleja la gran diversificación de compañías que cotizan. Ser la bolsa más internacionalizada del mundo, por delante de Nueva York y Tokio, se sustrae, en gran medida, del efecto regional que supone estar en Europa.

En el caso español, la amenaza de rescate financiero está castigando especialmente a las empresas. Por razones que técnicamente no están claras, el efecto que depara tener la sede central aquí o, digamos, en Londres, es muy relevante. Ha habido casos en los ese efecto era claro. Los principales bancos y compañías sudafricanas tenían grandes dificultades para financiarse en los mercados; dificultades que desaparecieron cuando mudaron su sede a Londres.

En el caso español, salvando las distancias, sucede algo parecido. Las compañías del Íbex tienen ya fuera de España más del 60% de su facturación. En algunos casos, fuertemente instaladas en mercados emergentes que crecen a elevado ritmo. La crisis interna les afecta relativamente poco. Sin embargo, los mercados las meten en el mismo saco que si fueran empresas puramente domésticas. Es cierto que los mercados no creen en la fiabilidad de los balances de las instituciones financieras. Pero las compañías industriales o de servicios volcadas al exterior no deberían sufrir tanto castigo. Los grandes fondos soberanos del golfo pérsico y de países emergentes hacen un gran negocio invirtiendo en esas compañías.

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