Las dos orillas

José Joaquín León

Bombitas de cercanías

HA vuelto un clásico del verano: las bombitas de ETA en las costas españolas. Hacía tres años que no cometían atentados contra intereses turísticos, ni siquiera el verano pasado, pese a que en junio de 2007 rompieron la tregua. Han vuelto, y precisamente en Cantabria, uno de sus escenarios habituales de la temporada estival. Es cierto que esta vez, en plena crisis, los terroristas han sido más comedidos y sólo han colocado cuatro artefactos (tres en playas de Laredo y Noja y el cuarto en un campo de golf). Antes ponían coches bombas. Y las explosiones han llegado casi en las vísperas de un encuentro entre el presidente (Zapatero) y el líder de la oposición (Rajoy) para hacerse una foto sonriendo en La Moncloa, a pesar de la ruina.

Lo mejor del plan Ibarretxe era que no había bombitas, ni tiritos en la nuca, mientras durara el proceso. Estaba pactado, en el mismo paquete que el voto del Partido Comunista de las Tierras Vascas con Nekane Erauskin mirando para otro lado. Un mensaje claro nos daban: habrá tranquilidad veraniega total, sin etarras en la costa, si este plan de la autodeterminación es posible. Y cuando han comprobado que no cuela, volvemos a despertarnos con la misma historia de otros veranos.

ETA ha iniciado su campaña con bombitas de cercanías. Empieza por Cantabria, uno de sus destinos preferidos, que tiene alta ocupación hotelera en este mes de julio canino, y que está al lado de Vizcaya, la provincia del comando ídem. En las playas de Laredo y Noja, que son de mar bravía cuando se rebrinca, veranean muchos vascos de los de toda la vida. Hay facilidad para actuar sin dar el cante y para escapar. Unos Josebas de más o de menos, aunque sean de un comando, pasan más desapercibidos que aquí.

Habrá que esperar próximas actuaciones. En otros veranos azules y no tan lejanos, la campaña seguía por las costas de Levante y la Costa del Sol malagueña. Cataluña quedó fuera del programa, después de que mataran a un mosso, gracias a los acuerdos con Carod-Rovira. No tuvimos esa suerte en Andalucía, donde además de poner bombas playeras asesinaron en verano a concejales como Martín Carpena. Por eso, no se debe descartar que si la campaña supera la fase de cercanías y entra en la de largo recorrido lleguen a Málaga, a modo de AVE, o incluso a Cádiz, la provincia electoral del ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se vino precisamente de Cantabria.

Rubalcaba ya ha dicho que ser etarra es la manera más segura de acabar en la cárcel. Una frase muy bonita, y un aviso para los que no tengan vocación de presos. Pero el final de ETA pasa por otras cosas, entre ellas que el PNV pierda las elecciones en el País Vasco.

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