Cuchillo sin filo

francisco Correal

Bonilla

EL Jerez es penúltimo del grupo décimo de Tercera División, pero sus escritores están jugando la Liga de Campeones. Con muy pocos días de diferencia, he recibido el último número de la revista Campo de Agramante, que edita en Jerez la Fundación Caballero Bonald, la invitación al nuevo libro de mi amiga Begoña García González-Gordon, Charco Dulce (Renacimiento), bautismo literario que tuvo lugar en las bodegas González Byass, y la noticia del premio de novela Mario Vargas Llosa que Juan Bonilla ha ganado con su obra Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral).

Sin pantalones, pero con calzonas, debo celebrar esta Copa Libertadores obtenida por un escritor con el que no hace mucho Fernando Iwasaki, Lucas Haurie y yo mismo compartimos una mesa redonda sobre deporte y literatura alentada por el poeta José Daniel Serrallé y moderada por el periodista Juan de la Huerga. Tengo en común con Bonilla que ambos nacimos en años en los que el Madrid ganó la Copa de Europa. Yo contribuí al triunfo de la segunda -frente a la Fiorentina en el mismo mes de mayo de 1957 en el que Cela ingesó en la Academia-, Bonilla la sexta del Madrid ye-yé en 1966. Tres seises que su fe blaugrana interpretará como la estela de un blanco Lucifer.

Perú no participa en el Mundial de Brasil, pero en esa mesa ganó por goleada. A la presencia de Iwasaki, futbolero empedernido a quien Abelardo -nombre de portero del Valencia y defensa del Barcelona- Linares le editó en Renacimiento El sentimiento trágico de la Liga, hay que añadir la de este peruano adoptivo nacido en Jerez que acudió a Lima a recibir la gloria y el parné del escritor que ganó el Nobel de Literatura el mismo año que España ganó el Mundial de Sudáfrica. Bonilla en alarde de Ercilla, el vasco de Bermeo que escribió La Araucana y de quien Hugh Thomas evoca en El señor del mundo, biografía americana de Felipe II, el encuentro con el caudillo indio Colo Colo que da nombre a un mítico equipo de fútbol chileno del que vino Caszely, que jugó con Cruyff en el Levante.

No sé si por celos de notoriedad le hará gracia a Moreno Bonilla la celebridad literaria de este Bonilla moreno al que algunos consideraron autor intelectual, por su novela Nadie conoce a nadie, de la accidentada Madrugada de la Semana Santa de 2000 en Sevilla, un día después de que el Madrid apeara en Old Tradford al Manchester United.

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