DE golpe, diecisiete millones y medio de británicos han cambiado la historia de Europa. Hasta ahora la Unión Europea era un club en el que había cola para entrar y ningún interés por salir. La crisis económica, la destrucción de una buena parte de la clase media, la aparición de populismos de extrema derecha y extrema izquierda nacionalistas, de corto vuelo y antieuropeos han cambiado el panorama en numerosos países, como el Reino Unido, pero también en Francia, Polonia, Hungría y hasta Holanda, Suecia o Dinamarca. El paro, la inseguridad, el miedo o el rechazo a los inmigrantes, el deseo de blindar las fronteras y de recuperar soberanía no son exclusivos de los británicos. En Gran Bretaña, un primer ministro inexperto, débil y poco afortunado convocó un referéndum suicida cuyo resultado ha provocado una crisis financiera inmediata y ha abierto una brecha en la cohesión comunitaria de impredecibles consecuencias. También en Andalucía se van a sentir los efectos: el Reino Unido abandona a su suerte a los gibraltareños. El Gobierno español ha advertido que la frontera de La Línea va a ser como la de Ceuta o Melilla con Marruecos. Un problema muy grave para la población del Peñón pero también para la de toda la comarca. La ex comisaria luxemburguesa Viviane Reding ha dicho que más vale un buen divorcio que un mal matrimonio, pero el hundimiento de las bolsas y el encarecimiento de la prima de riesgo, por hablar de las dos primeras consecuencias económicas, no hacen pensar en un divorcio placentero. Para empezar, en los tiempos. La esposa abandonada reclama rapidez en el proceso por boca del presidente de la Comisión Europea. Desde Londres se responde que no hay prisas. De hecho, el artículo 50 del Tratado de Lisboa que prevé una eventual salida de la Unión no establece un plazo de comunicación a Bruselas. El Reino Unido era un socio poco entusiasta de federalismos, uniones políticas o diplomacias comunes. En materia de defensa prefería el protectorado militar que ejercen los americanos desde la OTAN que un pilar europeo de defensa. Pero aportaba fortaleza a la UE: por su potencia académica, con las universidades europeas de mayor rango global; por su tradición parlamentaria, modelo del Estado de Derecho en el mundo; por su contrapunto al eje franco-alemán; por ser una de las dos potencias nucleares de Europa, junto a Francia; por ser la principal plaza financiera del continente; por su experiencia comercial, por su acervo cultural. Es una de las grandes potencias del mundo. El anuncio de su abandono de la UE es una mala noticia de larga duración y supone un claro deterioro de la marca Europa.

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