Visto y Oído

Antonio / Sempere

Buenafuente

Y en éstas nos encontrábamos debatiendo sobre la conveniencia de adelantar el prime time televisivo (¡que ahora arranca a las 22.40!), cuando volvió por sus fueros Andreu Buenafuente, instalándose en el late night más genuino. El que empieza mucho más allá de la medianoche y concluye donde se pierde la madrugada. En el aire, homenaje confeso al ambiente radiofónico, viene a ocupar un hueco inexplicable en el mapa de nuestra televisión.

Que el país más trasnochador de Europa, el único en el que los horarios están subvertidos, donde el prime time parece que usurpa los territorios del late night y viceversa, carezca de un contenedor diario que obedezca a las reglas del formato inventado para la ocasión por la televisión americana, es una anomalía en toda regla. Que sea precisamente una cadena pequeña (aunque no tanto) como La Sexta la que se comprometa con la causa, ratifica la excepción en la que vivimos.

¿Qué tiene que ganar y que perder Buenafuente? Después del batacazo que sufrió hace año y medio en el prime de Antena 3, parece que todos son ventajas. El público fiel le espera. El público no fiel pero huérfano de un formato semejante también. El hecho de que los niveles de exigencia de una cadena que no va a la cabeza de las tablas, pero de la que al mismo tiempo es socio, le exime de responsabilidades titánicas que no tiene por qué asumir.

Los teleadictos estamos de enhorabuena. Que Buenafuente vuelva a la tele, aunque sea homenajeando a la radio, es una muy buena noticia. Que se revitalice el late night, todavía lo es más. Por de pronto, ahí estará Jordi González, desde este noviembre, compitiendo contra Andreu dos de sus cuatro noches. A trasnochar tocan.

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