la otra tele

Hyde /

Buenos ingredientes, menú razonable

COGEMOS a dos escritores-productores jóvenes, cosecha del 73, pero veteranos, con numerosas series y películas en su haber, como Fringe o Alias, por hacernos una idea. No hace falta que sean J.J. Abrams, sino dos de sus buddies, llamados Roberto Orci y Alex Kurtzman. Añadimos el viejo aroma de una serie que triunfara en los 70 y que no haya visto la generación X y dejamos macerar. Luego sumamos un puñado de caras conocidas y solventes de otras series, como el australiano Alex O'Loughlin (The Shield, Moonlight, El plan B de guaperas con Jennifer Lopez), Scott Caan (la saga'Ocean's Eleven, 60 segundos, Entourage), el coreano Daniel Dae Kim (Perdidos, Crash, Urgencias, 24, Angel) y la californiana de origen asiático Grace Park (Battlestar Galactica). Ya tenemos el caldo madre, el sofrito principal. A partir de ahí, vamos introduciendo actores invitados en cada uno de los capítulos. Los malos, las víctimas y los secundarios ocasionales suelen ser reconocibles (Kevin Sorbo, Masi Oka, Michelle Borth, Taryn Manning, Mark Dacascos, Jason Scott Lee...), todo salpimentado por unos guiones decentes, nada del otro mundo, es cierto, pero en los que se mezclan buenos episodios de acción para los casos semanales más una trama de fondo que tarda en despegar pero acaba haciéndolo. Al guiso, para rematarlo, lo gratinamos con unas localizaciones atractivas, las que brindan los paisajes hawaianos. Es algo clave para una serie, le da credibilidad y novedad, al contrario de lo que ocurre con las trilladas series españolas. Alguna vez hablaremos de las distintas ubicaciones de las series americanas, aunque se graben en los mismos estudios de Hollywood o Vancouver, y el centralismo aburrido de la producción nacional. Prácticamente todas madrileñas, prácticamente todas con un español neutro que exagera o ridiculiza acentos como el andaluz o el gallego, en lugar de convertir nuestras distintas formas de hablar en un atractivo más. Puede que Hawaii 5.0 no sorprenda ni aporte absolutamente nada al octavo arte (el de las series de televisión). Está claro que la CBS no pretendía innnovar, sino cubrir de forma razonable su parrilla. Pero es un producto atractivo, que copia bien, y que hace pasar un buen rato cuando la alternativa es zapear evitando las distintas penas de la crisis, los callejeros, los españoles por el mundo a los que siempre les va de muerte o los bodrios de la telebasura. Y si encima en la segunda temporada añaden a Terry O'Quinn, el señor Locke, mejor que mejor. A comer.

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