Visto y oído

Antonio / Sempere

Bula

DE los doce Carta blanca que se emitieron, uno fue el protagonizado por Isabel Coixet. Uno de los mejores. Ahora ha vuelto a la televisión pública a dialogar con Lorena Berdún. Balas de plata puede tener idéntico destino que Carta blanca. Su cuota de pantalla del 10 % lo sitúa en una posición delicada. No podrá sobrevivir en La Primera. Aunque le ocurra como a Carta blanca, y sólo aguante doce noches, el placer de la charla con Isabel Coixet no nos lo va a quitar nadie.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, en España somos 44.708.964 habitantes. Me resulta curioso observar cómo, al final, hay una camarilla muy restringida que es la que tiene prioridad para colarse en los programas. Afortunadamente para nosotros, ahí están Coixet, y ahí está David Trueba, dos nombres que figurarían en las escaletas de cualquier departamento de producción de un programa sensato. Caso de tener que preparar trece entregas, y haciendo un planning para rellenarlas, Coixet y Trueba tienen todas las papeletas para tener reservado su espacio.

Cuando digo que afortunadamente para nosotros, me refiero a que no todos los personajes con semejante tirón, esos que están por encima del bien y del mal, estimulan mis neuronas. A ellos les disfruto. A otros, como Espido Freire, los tengo que soportar. Pero ellos, y sólo ellos, han convertido su nombre en marca que abre las puertas. Para dar lustre a un programa, a la contraportada de un periódico o las páginas nobles de Opinión de un dominical. Porque de los 44.708.964, se puede ser uno más entre los 44 millones, o uno de los 4 millones del pico, o uno entre los 708.964 con capacidad de influencia, o uno de los 8.964 que mueven los hilos. Creo que esas dos docenas de nombres que tienen bula para todo no son conscientes del privilegio de que disfrutan.

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