Tribuna

Manuel García-Ayuso / Profesor Titular De La Universidad De Sevilla

Burbujas y ñúes

HAY tres evidencias incontestables sobre las burbujas: que siempre estallan, que cuanto más tarde lo hacen mayores son sus consecuencias y que, tras esto, se produce una infravaloración que posteriormente se corrige con mayor o menor celeridad.

En la literatura financiera se emplea el término burbuja especulativa para designar un aumento irracional y prolongado de los precios a los que se intercambia un activo, que se produce únicamente como consecuencia de que los participantes en el mercado actúan movidos por la expectativa de que los precios seguirán aumentando en el futuro. Al mantenerse en el tiempo las expectativas de revalorización, el precio del activo se separa progresivamente de su valor intrínseco (el que razonablemente debería tener en ausencia de sobrevaloración), dado que los beneficios que de él se esperan no son los que generaría su consumo, uso o cesión a otros, sino las plusvalías que resultarían de su venta a un precio superior al coste de adquisición.

La investigación en finanzas ha demostrado que los inversores actúan generalmente como un rebaño en el que una o varias cabezas guían los pasos del resto. Los sujetos menos informados orientan sus decisiones a la vista de las de aquellos a los que otorgan confianza. Además, conceden mayor importancia a la información más reciente que a la más antigua. Por todo ello, es normal que inviertan en activos cuando ven que sus referentes lo hacen o al observar aumentos recientes en los precios; primero lo hacen tímidamente, pero cuando las subidas se suceden, se lanzan a comprar con fuerza, confiando en que la tendencia se mantenga indefinidamente. Así se comportan los ñúes que se reúnen para cruzan el río Mara, seguros de que el guía les llevará hacia verdes pastos.

Los académicos también han demostrado que ante un cambio de tendencia, los inversores menos informados tardan más en reaccionar que los líderes del mercado. Éstos, detectan las primeras señales negativas y se apresuran a ponerse a salvo. La manada sigue casi inmóvil, esperando que los precios continúen subiendo. Cuando sucesivas caídas hacen que se generalice la sensación de que la tendencia ha cambiado, cunde el pánico y la estampida hunde los precios con estruendo al inundar el mercado de oferta vendedora. El resultado es que, a una infrarreacción inicial, por la resistencia a creer que los precios pueden caer, sigue una acusada sobrerreacción que empuja a los precios incluso por debajo de los niveles en que razonablemente deberían situarse y ocasiona cuantiosas pérdidas a quienes más tardan en vender. Los ñúes que primero cruzan el río sorprenden a los cocodrilos durmiendo al sol. Cuando el estruendo de la manada les despierta, el agua se tiñe de sangre.

Hyman Minsky afirmó en su Teoría de la inestabilidad inherente que en las fases expansivas de la economía se produce una euforia especulativa que, alimentada por la liquidez que la banca inyecta en el mercado con sus créditos, provoca la sobrevaloración de un buen número de activos. Cuando la renta disponible y los beneficios de la actividad económica no son suficientes para pagar los créditos, aumenta la morosidad y la banca restringe el crédito. Con ello, se colapsa la economía, se llega a la recesión y la necesidad de liquidez hace bajar el precio de los activos financieros e inmobiliarios.

Entre 1997 y 2007, la deuda de las familias españolas se ha duplicado y lo mismo ha ocurrido con el precio de los inmuebles. La creciente morosidad afecta ya a cinco de cada mil hipotecas. El crédito bancario se está estancando y el crecimiento económico en 2008 estará alrededor del 2 por ciento. Según Minsky, caminamos hacia una recesión. En EEUU el precio de la vivienda ha caído un 8,9 por ciento en el cuarto trimestre de 2007. En Japón llegó a caer un 90 por ciento y en el Reino Unido un 60 por ciento. Es difícil predecir cuál será la caída en España, pero sin duda será importante. Acuérdese del ñu: si se ha endeudado para invertir en inmuebles buscando plusvalías a corto plazo y aún no ha cruzado el río, le deseo mucha suerte.

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