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rafael / sánchez Saus

Caen altas torres

EN las culturas más diversas la torre ha estado dotada de un fuerte simbolismo ascensional. Pero también, como señalara Juan Eduardo Cirlot, la torre posee un sentido de transformación y evolución, ligado quizá a su poderosa analogía con el hombre, pues es la única forma de construcción que tiene en la vertical su propia esencia. Eso hace de la torre una frecuente metáfora de lo humano, de aquello precisamente que en el hombre tiene que ver con la fortaleza, la dignidad, el poder sereno, asentado en profundos cimientos, especialmente el que se ejerce sobre uno mismo: La torre me deslumbra desde el yermo/ y hacia la torre marcho. Aunque me aguarde/ la desdentada boca del escarnio/ o la falaz palabra del sofista/ o el hacha doble que el traidor empuña/ o un cuerpo de mujer o sólo un cuerpo,/ veré desde la torre la ignominia. Estos versos de Julio Martínez Mesanza expresan muy bien esa relación entre lo más alto y mejor de un hombre y la torre desde la que se pueden observar, y también resistir, los embates de la vida. Por el contrario, la imagen de la torre caída representa la catástrofe y nos conduce a consideraciones inseparables de las ideas de ruina, decadencia y desolación asimismo humanas.

El destino ha querido que en estos tiempos de ruidosa caída de tantas y tan elevadas torres políticas, sociales, financieras; de esfumación de altos prestigios y reconocimientos, se haya desplomado una de las torres más singulares del viejo reino de Sevilla, la de Matrera, en el término de Villamartín y junto a Prado del Rey, herida ya desde hacía mucho tiempo, a consecuencia de la desidia de los obligados a preservarla, especialmente su propietario y la Junta de Andalucía. Era una grandiosa torre del siglo XIII que coronaba la que fue una potente fortaleza de la frontera granadina, uno de los recintos castrales más interesantes y de emplazamiento más bello de nuestra tierra. Lo que no pudieron los ataques de los moros a lo largo de más de 250 años, de los que tanto rastro hay en los archivos de Sevilla y Jerez, lo ha hecho la incuria de una Administración que no deja de parapetarse en la palabra cultura para luego dar lugar a estas vergüenzas intolerables. Los amantes de la historia, de los paisajes y de los entornos naturales de esa comarca mágica que es la sierra de Grazalema estamos hoy de luto. No nos habituemos a esos escombros.

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