Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Caleidoscopio

MIENTRAS Pablo Marketinator, la bestia de la imagen que da queroseno electoral a Unidos Podemos, felicita a los musulmanes por el ramadán -comparativamente agraviando-, es día de pensar en islámicos masacrando a homosexuales -dos pájaros de un tiro, o mil- en Estados Unidos, mientras que el ejército del vigente sátrapa sirio, la aviación aliada occidental y los letales ataques rusos merman al enemigo -elija usted el suyo-, y lo hacen languidecer, aunque la hidra yihadista no va a morir nunca ya.

Son a la vez días de fútbol, de gozar con la rotunda superioridad técnica de la selección en la Eurocopa, y con el gol de Piqué in extremisayer, cuyo hijo estaba en la grada con la zamarra de España: de gestos amistosos se nutre el desencabronamiento, aunque muchos se maliciarán que esto también es marketing, pero preventivo, del central catalán: lo mismo me lo echo a hombros en la manifa estelada que le pongo la camiseta con el coronado escudo de la FEF y el festón rojigualda, que tanto une a nuestras respectivas banderas. "Espanya és la millor", cantemos por Manolo Escobar, y bienvenidos sean los goles del pelotero independentista.

El fútbol y el porno torrentiano con menores también se tocan en la actualidad, en otra ensalada agridulce, y ayer De Gea, de quien se dice que está implicado en el oscuro mundo porno de Torbe, hizo una parada salvadora aún más in extremis que el gol del marido de la Shaki, como él llamó a su esposa, entre lágrimas, alguna vez. De Gea es uno de esos jóvenes millonarios, famosísimos y con mucho tiempo libre, que tal vez prefieren protegerse de advenedizas refugiándose en profesionales. Ya se verá, yo tiendo a pensar que es demasiada coincidencia que haya saltado el escándalo justo ahora. Pero que el muchacho está reventón de endorfinas y en edad de revolcón diario, y además puede, eso es innegable. Quizá es sólo un tontorrón poco precavido.

En estos días en que el populismo británico marca vena en el pescuezo con el Brexit, sus beodos habituales, de todas las edades y provenientes de los barrios obreros de Londres, Liverpool, Manchester y Birmingham la lían pardísima en Marsella, como era no ya de esperar, sino de asegurar. Les ayudan otros distinguidos gentlemen, rusos y franceses, mayormente tatuados y de cuello hipertrofiado como el de los ingleses. No tienen bastante la Policía y el Ejército franceses con las siniestras alimañas islamistas, y deben mediar entre esas otras bestias. La actualidad a veces hace extraños compañeros de cama.

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