BREVIARIO

Alejandro V. García

Calendarios

SUPONGO que ha de haber una relación, digamos, orgánica entre el miedo al tiempo (representado en el futuro inmediato y sus agujeros negros) y la moda obsesiva de diseñar calendarios con gente desnuda que se ha desatado estos meses: modelos conocidos o gente común que se empeñan en ilustrar con sus barrigas, pechos, traseros y caderas el vacío de los meses del año. La única explicación (remota) que encuentro a la multiplicación de calendarios ilustrados, por ejemplo, con la plantilla de cajeras de un supermercado de barrio o los figurantes de una cofradía del Ecce Homo de Mallorca, es la de disfrazar el porvenir con escenas pintorescas o retablos eróticos. No creo que nadie piense en serio en ganar dinero vendiendo calendarios. Debe haber una solución distinta. El calendario vacío del año nuevo es demasiado intrigante y dramático. El tiempo que se abre ante nosotros es como uno de esos acantilados profundos que salen en las pesadillas. Da pánico examinar las casillas vacías de las semanas y percibir la amenaza de los sucesos. Quizá esa sea la razón última de la sorprendente actividad de los aficionados y los profesionales de los calendarios. Paz Vega desnuda en una ermita deshojando el tiempo es, más que un sacrilegio, un recurso terapéutico contra el duro porvenir que comienza mañana cuando Rajoy enumere, sin disimulo, las "medidas no gratas".

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