Luis / Carlos / Peris

Calle Mayor del macarenismo

lEn esta calle plagada de retablos de la Esperanza se conserva durante todo el año la llama viva del macarenismo más fiel lCon un caserío mayormente rehabilitado, parece que revolotea continuamente por ella el espíritu de la saetera Marta Serrano

QUIZÁ deba su nombre a la abundancia de este arbolado en alguno de los muchos huertos que se ubicaban en el barrio de los Macarios, populoso barrio de la Macarena que en esta mañana se viste de domingo para esperar a la Virgen de la Esperanza. La calle Parras, que nace en Relator y muere en Escoberos, es una especie de Via Apia por donde unas fidelísimas legiones de Roma escoltan al Señor de la Sentencia y a su Madre de verdad en su vuelta a casa. Una calle de trazado singularmente recto en una vía que ya se llamaba así, Parras, en el siglo XV.

En el número 36 recuerda un azulejo que allí nació Juanita Reina, la exégeta macarena más universal, y en un balcón de esta misma calle, el del número 22, le cantaba Marta Serrano a su Virgen cada mañana de Viernes Santo. Balcón en que luce un azulejo en recuerdo de la saetera que tanto lloró por lo que la Virgen tardó en volver de la Catedral tras su Coronación. "Te fuiste por cuatro días y tardaste siete en volver, Madre mía Macarena no nos lo vuelvas a hacer" decía la saeta y así reza la leyenda que enluce esa fachada.

Era una saeta siempre esperada por los macarenos y algún año tuvo la singular saetera el acompañamiento de una eminencia de la ciudad, de un médico de prestigio con todo el caudal de prestigio que tenían los médicos de entonces. Era el doctor don Antonio Cortés Lladó, venerable en la nobleza de su cuerpo menudo que irradiaba un respeto imponente con su aspecto de sabio indiscutible.

La calle Parras es durante todo el año bastión donde carga las pilas el macarenismo más fundamentalista. El bar La Tertulia, que era de Miguel Loreto, el capataz del paso del Señor de la Sentencia, es el punto de cita para unas reuniones bien regadas que tienen como denominador común la cofradía de San Gil en general, la Virgen de la Esperanza en particular y más entrañablemente aún la incomparable centuria romana. Una tabernita más intensa que extensa que hoy regenta un armao y aledaña a una casa mítica en la historia y en la leyenda de esta calle, el hogar de Enrique Pavón, un macareno a machamartillo, sin vuelta de hoja.

Enrique Pavón hizo fortuna como derribista en unos años en que estaba de moda derribar y no siempre de forma justificada. Enrique, sevillano castizo, amigo de toreros y de flamencos, hizo de la piqueta un modus vivendi que le dio y le da para vivir desahogadamente. Como anécdota, la entrevista que Francisco Correal le hacía en un periódico sevillano allá por los 80 y que tituló así: "La única vez que entré en la Universidad fue para tirarla". A pesar de todo, Enrique es persona que ha tenido un gran predicamento en un sector de la sociedad sevillana, sobre todo en esa facción que en sus inquietudes va de Frascuelo a María y tiro porque me toca.

Y en esa casa, la del número 33, cantaron y cantan muy afamados saeteros al paso de la cofradía macarena. Manolo Mairena, Rocío Jurado, alguna vez Juana Reina, Mercedes Cubero, Pili del Castillo y más recientemente Pili Sánchez, hoy Pastora Soler, le han rezado cantando a la Reina de San Gil. En la singularidad de la cosa destaca que más de una mañana de Viernes Santo, Manolo Mairena, rey de la saeta durante muchos años, le cantó a la Macarena vestido con la túnica de su cofradía del alma, la blanca y morada de los Gitanos.

La calle tiene un edificio que sobresale del conjunto, es una casa palacio de 1900 obra de Espiau, lleva el número 28 y hace esquina con Sagunto. Representa un nivel social superior al del resto del caserío, que es mayoritariamente de dos plantas en las que se conservan y de tres en las rehabilitadas. Actualmente es el Hotel San Gil, un cuatro estrellas catalogado entre los cien edificios mejor conservados de la ciudad. Parras tiene una actividad económica que se basa en los bajos de esas casitas de toda la vida, pero en los últimos tiempos ha tendido esa actividad a equilibrarse y en este equilibrio salió ganando el tramo que da a Escoberos, que siempre estuvo en desventaja con el del principio de la calle, el que linda con Relator.

Una singularidad más de esta calle tan macarena es que arranca en una carbonería. Sí, ha leído bien, en Parras existe una carbonería de las de toda la vida y en ella venden desde cisco picón a carbón mineral o a especiales para barbacoas. Está casi en la esquina de los pares con Relator y ni que decir tiene que en esta mañana inigualable aquello es una explosión de macarenismo. También en el 8 hay un azulejo que recuerda a un macareno ilustre, un médico y humanista de mucho predicamento en la Sevilla de posguerra, el doctor Andrés Tirado Figueroa. Enfrente, en el número 9, existe una placa que el actual dueño de la casa adosó al balcón y que conmemora que allí estaba ubicado el convento de San Basilio, lugar donde se fundó la Hermandad de la Macarena en el año 1597.

Es Parras una calle más ancha de lo habitual en esa zona y en su acera derecha desembocan dos calles, Sagunto y Talavera. La primera comunica directamente a Parras con San Gil y es atajo fundamental para ir cortando a la caza y captura de un lugar de privilegio desde el que, un par de horas después, pueda contemplarse cómo entra en su casa la verdadera Madre de Dios.

Así es Parras, un enclave trascendental en el discurrir de la cofradía macarena y donde luce la llama viva del macarenismo a través de tertulias de todo tipo a lo largo del año, lugar archicantado por exégetas y por cuantos han estado allí y se han visto capacitados para narrarlo, cantarlo y vivirlo.

Aunque la Macarena es excelsa por donde vaya, Parras es lugar de obligado cumplimiento para entender a la perfección en qué consiste ese cortejo de merino, terciopelo y ricos plumajes que tiene como cima el palio, sobre todo lo que se cobija bajo ese palio. Allí llega la Macarena procedente de Relator y tras pasar por Amargura, calleja por donde antaño entraban las mercancías al mercado de la Feria. Quien no haya visto a la Macarena por Parras no es que no ha visto a la Macarena, pero es un pecado de lesa sevillanía no haber visto alguna vez en su vida a la Macarena por Parras. Y bien puede afirmarse que en el itinerario de la cofradía, esta calle es, sin duda de ningún tipo, algo así como Calle Mayor del macarenismo.

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