las dos orillas

José Joaquín León

Calles disfrazadas

HOY es domingo de Carnaval, que en Sevilla se ha perdido y se celebra en Cádiz. Ya no suenen las viejas murgas de la Alameda. Los chirigoteros sevillanos actuales han emigrado, como El Canijo y Lolo Álvarez Seda; o se van hoy por la autopista, como hace la chirigota de Los herederos, de José Antonio Alvarado. Pero algo queda en la conciencia colectiva, en el arraigo de las costumbres. Por ejemplo, la tendencia al disfraz. En Sevilla se disfrazan muchas cosas y mucha gente. Ahí está el tipo que parece esto, pero es lo otro, o sea justo lo contrario. Y luego tenemos la afición a disfrazar los nombres de las calles.

Esto no es nuevo de Zoido, viene de toda la vida. En el libro de fotos de Jesús Martín Cartaya y textos de Álvaro Pastor, al que me refería el pasado domingo, se incluye una estampa muy bonita de una Avenida irreconocible, cuando se llamaba de Queipo de Llano. Cambiar el nombre del general que ganó la Guerra Civil en Sevilla por el de la Constitución marcó el techo de lo que se puede hacer con los nombres de las calles. Sin embargo, la Campana o la calle Sierpes no estaban disfrazadas, eran la Campana y Sierpes, antes y ahora. Ves los antiguos programas de Semana Santa de El Correo y recuerdas que San Francisco, la plaza más disfrazada de Sevilla a lo largo de la historia, era de la Falange Española.

Esto pasaba en el centro más céntrico, pero ahora las alegrías van por barrios. En el episodio de la calle de Pilar Bardem y la Virgen de las Mercedes se ha hablado de revanchismo. Se olvida que esto lo hicieron todos, cada cual en su momento. El que ganaba disfrazaba el callejero, como si fuera suyo. A veces se recurre a los santos, a las vírgenes y a los seres celestiales. Pero con esto también hay que tener un sentido de la medida. No es necesario que todas las cofradías de Sevilla tengan dos o tres calles dedicadas a sus queridos titulares. Pasa igual que con las coronaciones. Ya la rara es la que no tiene una calle, o dos.

En el caso de Pilar Bardem, fue el anterior alcalde Monteseirín, por influencias de la coalición, quien la disfrazó de la actriz nacida en Sevilla. Ella misma (con un fair play quizá poco destacado) ha mostrado escaso apego por su calle, más bien ninguno. Ni se emocionó antaño, ni se cabreó hogaño. Dijo y repitió que nació en Sevilla como lo pudo hacer en otro lugar, pongamos que en Villafranca del Bierzo o Jarandilla de la Vera, por no decir más lejos. Y además reconoció que ella era mucho de las vírgenes, como suele pasar entre los rojos y los ateos, que tienen el humanismo cristiano a su modo. Por consiguiente, no habrá una guerra civil por esta calle.

Disfrazar el viario no es tan fácil. Se debe hacer con arte. En esto, como en el Carnaval, la imaginación se merece un premio.

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