Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Camerinos como gallineros

Lo más complicado en los tiempos de gozo es mantener el equilibrio en una plantilla del nivel de la del Sevilla

CONVERTIDO en un nido de rumores, de bulos que van y que vienen, el Sevilla debiera poner orden en su gallinero porque tanto cacareo no traerá buenas consecuencias. Es la otra cara de contar con un plantel de la identidad del sevillista, que el titular quiere ganar aún más de lo que gana y que el suplente quiere ser titular. Es el problema indiscutiblemente mayor en un grupo de futbolistas de primer nivel, que los que juegan siempre quieren mejorar, irse a ser posible a un club mayor, y los que no lo hacen fruncen el ceño porque no se sienten menos que el compañero y quieren jugar tanto como el compañero.

Y no es problema únicamente del Sevilla el de mantener a sus figuras con la sonrisa de oreja. El equilibrio ecológico de un vestuario resulta harto complicado. Cuando la cosa va mal se buscan las causas en una mala convivencia, que si hay banderías, que si los argentinos por un lado, los brasileños por otro, los nacionales sabe Dios por dónde. Pasa en todos los vestuarios, que el tiempo de normalidad y contento suele ser breve, que los ciclos se paran cuando menos se piensa. Que le pregunten, por ejemplo, al Barça, de donde huyeron personajes como Cruyff, Maradona, Schuster, Laudrup antes de que pasase lo que está pasando allí con Ronaldinho.

Quizá de donde nunca huye nadie sea del Real Madrid, ese objeto de deseo de todo futbolista que se precie... según la hagiografía que le sostiene. Pero yendo a lo que está pasando en el Sevilla, bien hará José María del Nido en poner pies pared ante tanto futbolista o representante que hablan pensando únicamente en sí mismos y para nada en el club que les paga religiosamente y que, en más de un caso, los encumbró. Luis Fabiano anda tensando la cuerda entre el miedo de su familia y el cabreo por sus sustituciones, Alves lo da todo en el campo pero también habla y habla de irse. Es complicado mantener el equilibrio de un vestuario, pero hay que conseguirlo.

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